He estado usando el sistema operativo de Microsoft desde los tiempos de MS-DOS. Lo defendía con uñas y dientes ante los arrogantes Macs que alegaban tener un sistema operativo mejor y más estable. Yo era una PC.
Me considero una persona creativa pero no podía generar nada satisfactorio con el hemisferio derecho de mi cerebro en la PC. Hay una incompatibilidad intransigente entre la máquina, el sistema operativo y los programas que la habitan. Así que, como el amante adúltero, miré hacia el lado; y fui seducido.
Llevo unos meses usando una Mac. Y todo lo que los arrogantes usuarios de Apple decían es cierto. Es simple, elegante y segura. Me permite ser creativo sin tener que gastar horas de mi vida buscando dentro de menús serpentinos para realizar una simple operación.
Por supuesto sigo usando Windows. La mayoría del mundo de las computadoras sigue siendo una PC lo que me obliga a usarlo. Claro que en la Mac puedo correr Windows también; en la misma computadora. Además quiero trabajar con Linux. Pero he aceptado la verdad inexorable de lo que he aprendido en biología: los que no se adaptan están condenados a la extinción. Y entre más parezcas un dinosaurio mayor la probabilidad de que desaparezcas.
Se llama evolución y yo estoy evolucionando. Me estoy conviertiendo en una Mac.