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domingo, 10 de junio de 2007

Breve Reflexión en Una Caja Registradora

Había ubicado cada uno de sus artículos de forma organizada en la caja de registro. Botellas con botellas, vegetales con vegetales, latas con latas. Pero la vieja del frente, a la que ya le habían cobrado su compra buscaba afanosa en su cartera la billetera. Se puso rojo de coraje. ¿Por qué no la buscó mientras la chica de la caja registraba sus productos? El mundo se había detenido mientras la señora hurgaba en ese mundo misterioso llamado cartera de mujer. De pronto la sacó triunfante. Justo cuando él fantaseaba con golpearla fuerte con el pernil de cerdo. -$34.11-le dijo la cajera. Sacó los tres de diez, buscó con toda la paciencia del mundo los cuatro de uno y metió la mano nuevamente en el gran agujero negro. A buscar once centavos. Ahora me imaginaba (digo, él se imaginaba) lanzándose sobre ella y agrediéndola con la botella de Rioja. Diez centavos. Faltaba uno. Con la paciencia del que se le pasea el alma por el cuerpo buscó hasta encontra al Lincoln.

La cajera registra su compra. Hace rato tiene la tarjeta en la mano. Él pulsa el número secreto de la tarjeta de débito en la máquina, y cuando sale el recibo la chica le pide su teléfono para anotarlo. La compra ya fue aprobada. Me niego, digo se niega, a darlo. Pero no tiene tiempo que perder así que le hará la cosa fácil. Le dará el número del cuartel de la policía de Cayey. 787-738-2020. La próxima vez le dará el de los bomberos. Y luego lo comenzará 555...como en las películas. Me atrae la idea de jugar con el asunto. Disparar números como 666-6666 ó 969-6969.

Salgo del supermercado (quiero decir, sale del supermercado) y ve nuevamente a la vieja de la caja. Buscando la llave en la cartera seguramente. Y entonces la gran verdad bañándome, digo bañándolo como una lluvia de mayo: Algún día serás igual...

viernes, 9 de febrero de 2007

Servicio al Cliente Redux

Fui temprano el Kmart local, cogí lo que necesitaba y me dirigí a las cajas registradoras. Diez cajas. Todas cerradas. Cero cajeras. Me dirigí hacia la mesa de Servicio al Cliente y le dije que todas las cajas estaban cerradas. Me miró con desprecio. Se mantuvo silenciosa. Varios segundos. Entonces me espetó que qué yo creía que ella hacía allí. Miré el letrero sobre su cabeza y lo leí nuevamente: Servicio Al Cliente. Es el lugar donde se atienden quejas. Se devuelven artículos. Se pregunta por qué las cajas están todas cerradas. Le contesté: "Usted está en el área de servicio al cliente, no en las cajas registradoras". Me señaló una caja que tenía en su área. Puse mis artículos sobre su mesa. Les pasó la maquinita lectora de numeritos y rayitas seguramente gozosa de haberle fastidiado la mañana al primer cliente con quien se encontró. Contuve el diluvio de malediciencias que me rodaron hasta la mismita punta de la lengua. Muy temprano para esto. Pagué y me largué. Un cliente menos para Kmart.