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viernes, 25 de mayo de 2007

Los gérmenes de penes ajenos

Uno de esos días donde el cerebro ha levantado los frenos que mantienen nuestra sanidad, se descorrre el velo que nos mantiene ciegos ante las realidades terribles que aquellos que están locos ven a diario, 24/7 como decimos ahora, y el simple acto de orinar se convierte en un asunto de reflexión. Estoy en un hotel en una reunión, voy al baño y mientras orino (yo orino, tú orinas, nosotros orinamos, por si acaso) y veo la marca del urinal: Toto. Estoy orinando en un Toto. Es de esos con luces infrarrojas o qué se yo que se autoactivan cuando uno se aleja del aparato. Esto para que no toquemos una palanca contaminada como en los urinales comunes y corrientes. Que pensándolo bien está de madre. Lo único que toca esas palancas son manos que estuvieron agarrando un pene ajeno momentos antes.

Les decía que el velo estaba descorrido. Casi puedo ver los gérmenes. Ahora me lavo las manos en un lavamanos autoactivable, nada que tocar por si acaso, y me las seco en un secador de aire que también se activa cuando paso las manos por debajo. Libre de gérmenes. Por lo menos de los gérmenes de los demás, que muy probablemente son exactamento los mismos míos. Me siento aliviado de no haber tocado nada que otro hombre tocó con la misma mano con la que agarraba su asqueroso miembro. Así lo pienso. Estoy a punto de salir triunfante despenalizado del baño y de pronto el velo se descorre más aún. Miro el mango de la puerta y me detengo. Cómo salgo de aquí si no lo halo para salir. Todos los que han entrado al baño han hecho lo mismo. Los gérmenes de los asquerosos penes de cuando idiota ha orinado allí ese día están haciendo una fiesta en el mango contaminado. Busco papel para agarrarlo pero no existe. Me veo tentado a buscar papel higiénico, de inodoro, y el velo vuelve a taparme. Ahora pienso: todo el día, a cada hora, estoy tocando cosas que otros tocan. Tengo dos opciones: o me quedo esperando a que alguien abra la puerta y salgo con los brazos en alto, no sea que me contamine, o cierro los ojos y abro la maldita puerta como todo ser cuerdo.

Salí del sitio agradecido de que no actué como un loco. Abrí la puerta con mis propias manos. Espero no volver a sufrir un ataque de salubridad.