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sábado, 30 de diciembre de 2006

Cómo freír un huevo (y comunicarse con las gallinas)

Leí con interés un estudio científico reciente, en alguna revista cuya ficha no encuentro, donde se informa que las gallinas se comunican con un grado de sofisticación que se acerca al de los delfines. Aunque fue anunciado como un gran descubrimiento todos los que nos criamos en el campo sabíamos que las gallinas casi hablan. Por eso la frase “cararea como una gallina” para referirse a alguien que habla sin sentido no es cierta. De hecho, no sólo fui testigo de gallinas comunicándose entre sí, sus pollitos y su gallo sino de comunicación gallina-humano. No sé cuándo ocurrió el salto trascendental de esta comunicación entre géneros taxonómicos tan alejados filogenéticamente pero cuando mami gritaba por las mañanas "piiiiiripiripiripiriii" (escuchar más abajo) las gallinas salían corriendo de sus nidos y cuevas a comer maíz. Fui testigo de esto tantas veces que sufrí de acondicionamiento clásico pavloviano y cuando mami gritaba sus piris yo pedía desayuno.

A veces la comunicación entre las gallinas tenía resultados trágicos para éstas. Nunca he escuchado en la naturaleza, ni siquiera entre los humanos, un grito de alegría absoluta, de felicidad incontrolable, una sinfonía de aleluyas pentecostales, como cuando una gallina ponía un huevo. El animal salía corriendo del nido oculto y le anunciaba al universo que había puesto uno. De ahí la frase "estaba más contenta que una gallina culeca". Lo triste es que cuando regresaba, ya anunciadas las coordenadas del nido, el huevo no estaba pues mami se lo había llevado.

Llegué a entender un poco de gallináceo y reconocía los sonidos de una gallina llamando a un pollito para que se comiera un pedacito de maíz. En ese caso ella cogía el pedazo y con el pico lo movía para que el pollito lo viera. Luego estaba el sonido del gallo enamorado diciéndole a la gallina “te voy a poner a cacarear como a una vieja loca”.

Todo este cacareo viene al caso porque me preparaba un desayuno y me preguntaba por qué casi nadie sabe freír un dichoso huevo. Bien frito, quiero decir. Con frecuencia lo que se obtiene es una plasta semi quemada, grasienta y feísima que alguna vez fue un huevo. El truco está en poner el sartén a la menor temperatura. Use la cantidad mínima de aceite, preferiblemente de oliva o canola, necesaria para cubrir levemente la superficie del sartén. Una vez el sartén esté caliente ( a la mínima temperatura, por el amor de Dios), eche los huevos. Déjelos hasta que se pongan de un color blanco como una nube cúmulo en un día maravilloso. Vírelos sin miedo pero con cuidado. Espere unos segundos hasta que adquiera la consistencia deseada y voilá.

Ya fritos, si le quedaron como en la foto, no sea humilde. Grite a los cuatro vientos que pudo freír unos huevos como Dios manda. Salga al balcón y cacaree. Pero tenga cuidado, no sea que cuando regrese alguien más se los haya comido.

Para escuchar mi versión de un gallo enamorado oprima AQUÍ.
Para escuchar mi imitación de mami llamando a las gallinas oprima AQUÍ.
Para escuchar mi versión de una gallina culeca oprima AQUÍ.
Lea más sobre el idioma Gallina, incluyendo su historia, AQUÍ.


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