El jueves próximo se celebrará en San Juan un evento histórico. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha diseñado una peseta dedicada a Puerto Rico y la celebración será en grande. Habrá una fiesta donde participará nada menos que Luis Fortuño, gobernador de Puerto Rico, junto a su esposa Lucé Vela. Seguramente vendrá desde Washington el Comisionado Residente Evil Pedro Pierluisi. En la fiesta compartirán también los güelestacas usuales con un profundo sentido de inferioridad colonial que salivarán como perros porque el amo de la metrópolis les tiró un huesito, una monedita dedicada a la colonia.
La innoble celebración pondrá al desnudo la pobre autoestima de muchos puertorriqueños provocada por un sistema de educación que ha enfatizado la superioridad de todo lo estadounidense sobre todo lo puertorriqueño. Sella mi tesis de la peseta como símbolo de la patética baja estima en este país el que el principal periódico le haya dedicado una portada al acto. Algunos mirarán el periódico y dirán "qué grandes somos", "qué importantes somos". Tenemos nuestra propia peseta.

Qué cosa más patética. Pensar que criticamos a cierto traidor que vendió su alma por 30 monedas hace unos dos mil años. Qué horible cuando nos damos cuenta de que Judas vive en el corazón de muchos de nosotros.
Peseta. Así la llamamos, como si fuera la moneda española. Y es que pasamos de sopetón de ser colonia española a ser colonia estadounidense. Nunca hemos tenido el privilegio de poder acuñar nuestra propia moneda. No nos dio tiempo de cambiar al nombre en inglés de la monedita.
Por supuesto que hacemos el intento. Y de cuando en cuando sale lo boricua y en lugar de peseta la llamamos "cuera".

Qué cosa más patética. Pensar que criticamos a cierto traidor que vendió su alma por 30 monedas hace unos dos mil años. Qué horible cuando nos damos cuenta de que Judas vive en el corazón de muchos de nosotros.
Peseta. Así la llamamos, como si fuera la moneda española. Y es que pasamos de sopetón de ser colonia española a ser colonia estadounidense. Nunca hemos tenido el privilegio de poder acuñar nuestra propia moneda. No nos dio tiempo de cambiar al nombre en inglés de la monedita.
Por supuesto que hacemos el intento. Y de cuando en cuando sale lo boricua y en lugar de peseta la llamamos "cuera".