martes, 10 de julio de 2007

Prohibido Suicidarse en las Autopistas

Puerto Rico tiene una de las tasas más altas (si no la más alta) de vehículos per cápita en todo el planeta. No porque seamos ricos, que no lo somos, sino porque la transportación masiva es prácticamente inexistente debido a la incompetencia de todos los gobiernos que hemos tenido.

Una familia típica puertorriqueña tiene por lo menos dos vehículos. En algunas hay más vehículos que seres humanos. Esto se agrava por la increíble facilidad con la que se financian los carros en Puerto Rico. En muchos casos sólo basta con una llamada telefónica al suplidor, le aprueban el financiamiento y le entregan el vehículo. Todo el mismo día.

Esto explica en gran parte los congestionamientos infernales en las carreteras del país. Acá les llamamos tapones. San Juan queda a unos 35 minutos de Cayey, donde vivo. Sin embargo durante las horas pico podría tomarme dos horas o más llegar a mi destino. Tarde, indignado y con los nervios de punta. Y no es por falta de carrreteras. Tenemos muchísimas y en buenas condiciones (con sus excepciones de rigor). Es que el país se nos quedó pequeño.

Una alternativa para el futuro sería invadir la parte este de la República Dominicana ya que pronto no cabremos aquí. Quizás sería aconsejable que el gobierno comience los preparativos para la invasión. El área de Punta Cana me parece un buen punto de entrada.

La frustración de conducir en este país no sólo se debe a la cantidad de vehículos sino a las tonterías que causan los embotellamientos. Si a alguien se le vacía una llanta y se detiene en el paseo (área designada) a cambiarla provocará un tapón. Los conductores desacelerarán para ver qué hace el que lo hace. Quizás es que somos una isla tan pequeña que muchos piensan que el que se quedó a pie podría ser su primo, o tío o su abuela. La razón puede ser también que las brigadas de reparaciones están haciendo su trabajo en horas de la mañana, cuando la gente sale para el trabajo. Y luego en horas de la tarde cuando la gente regresa a su casa.

Todo esto viene al caso porque últimamente ha habido varios casos de personas amenazando con suicidarse lanzándose a las autopistas del país desde algún puente o carretera elevada. De hecho ya ha sucedido.

Recientemente viajaba hacia la ciudad sureña de Ponce y en la bajada de Cayey a Salinas vi a varios policías hablando con un individuo. Éste estaba parado sobre el borde de un puente de la autopista en una de las áreas más altas del expreso. Pensé que era una agente en medio de una investigación. Noté que tenía algo amarrado al cuerpo y que el otro extremo parecía estar atrado al vehículo a su lado. Yo viajaba con una colega y le dije que era curioso porque parecería que se iba a suicidar. Lo dije medio en broma porque iba con prisa. Por la tarde me enteré a través de la prensa que el tipo había amenazado con lanzarse al vacío por algún problema en su trabajo y que provocó una gran congestión en el área. Por suerte cuando pasé estaba comenzando el suceso y no afectó mi travesía.

Ahora acabo de leer en la prensa sobre tremendo tapón en algún punto del área metropolitana porque una mujer amenazó con lanzarse a una autopista desde un puente. Yo no tengo nada en contra del suicidio. Me parece trágico, claro está, pero creo que debe ser un asunto muy íntimo y personal. No creo justo involucrar a otras personas, desconocidas casi todas, en el asunto. Y mucho menos agravando la terrible situación que tenemos en el tránsito.

Esto no aguanta más en las carreteras. Si alguien se quiere suicidar que lo haga en la placidez de su hogar, o en un bosque o paraje solitario. O que se vaya como la gran Violeta Parra. Pero por Dios, que su último acto en este mundo no sea uno que le joda la pita a los demás.

Suicidaos en paz.

Edwin Vázquez
http://edwinvazquez.blogspot.com