Mostrando las entradas con la etiqueta Humor. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Humor. Mostrar todas las entradas

jueves, 13 de noviembre de 2008

El problema de conducir con una goma casi vacía

Ayer, a punto de dirigirme a San Juan a una reunión, noté que una de las gomas (llantas) del carro estaba bastante vacía.  Hice memoria de qué garaje tenía una bomba de aire.  Recordé que había una en el garaje Shell cerca del peaje Caguas Sur.  Me dirigí con cuidado y efectivamente allí estaba la bomba.  Deposité los 50 centavos que me cobrarían por aire (antes era gratis y todas las estaciones tenían una bomba) y nada sucedió.  Busqué por si acaso tenía un botón que oprimir pero nada.  

Procedí a usar la técnica más efectiva para arreglar equipos eléctricos:  le caí a golpes a la máquina.  Nada.  Fui a la cajera y le informé.  Me miró curiosa y siguió atendiendo a otros clientes.  Por supuesto mi idea era reclamarle por los 50 centavos pero sé cuándo no vale la pena perder el tiempo.

Volví al expreso rumbo a San Juan con la estupidísima idea de que en el peaje de Caguas Norte había una bomba de aire.  No sé de dónde me salió el pensamiento.  A lo mejor algún día hubo una y se me quedó grabado.  Me dirigí al carril extremo de la derecha, le doy el dinero a la chica del peaje y le pregunto por la bomba de aire.  Me miró con una cara de retardación mental que me hundió el corazón ante la posibilidad de que me quedara sin goma en medio de la autopista. No entiendo por qué el gobierno no nos puede proveer un servicio tan básico como bombas de aire  y de agua en los peajes.  Estamos pagando por eso.  

Mi próxima meta era el garaje de gasolina del centro comercial Montehiedra.  Llegué y leí con gusto cómo la bomba anunciaba que el aire era gratis (como deben ser la libertad, el agua y la vida misma).  Desenrrollé la manguera, me dirigí a la goma medio vacía y traté de conectarla al "pistoco" de la goma.  

Fue ahí que me di cuenta de que a la manguera le faltaba la punta conectora.  Entonces fue que vi el letrerito que anunciaba que el cajero tenía el adaptador necesario.  Voy al cajero, hago la fila de rigrt, le pido el adaptador y me pregunta si la goma herida es delantera o trasera.  Trasera, le respondí.  Frunció el ceño y me empezó a darme una serie de explicaciones sobre cómo proceder. Sólo entendí las primeras dos; carro en reversa; no soltar botón verde.  Por supuesto tenía que dejarle una tarjeta de identificación, no fuera que hiciera un "adaptadorjacking".  

Armado con esa información incompleta y el adaptador, metí el carro lo más cerca que pude de la bomba.  En reversa por supuesto.  Puse el adaptador en la manga y al tratar de conectarlo a la goma noté que le faltaba una pieza que permitía dejar a esta conectada al "pistoco".  En otras palabras, tendría que aguantarlo mientras se llenaba la goma.  Entonces fui a prender la máquina, oprimí el botón verde, y tan pronto lo solté la máquina se apagó.  O sea, había que mantener el boton apretado para que la máquina trabajara.  

He aquí el problema:  no había forma de que pudiera mantener el adaptador conectado al pistoco y el botón verde oprimido al mismo tiempo.  Era un acto humanamente imposible dada las distancias dictadas por barreras arquitectónicas.

Había comenzado a sudar profusamente.  Estaba en manga larga y corbata y sabía que para los que pasaban por allí yo era un acto digno de buenas carcajadas, pero necesitaba llenar esa goma.  

Si algo nos distingue a los humanos de los animales es la capacidad de invención y de utilizar herramientas (aunque hay dos o tres animales que las usan).  Busqué en el carro el paraguas gigante ( le llamo la carpa) que parece una lanza cuando está cerrado.  Con el sudor bajándome por los ojos y cegándome logré oprimir el botón verde con el paraguas mientras apretaba el adaptador contra el pistoco.  

Nada sucedía.   No salía aire.  Entonces hice otra cosa que nos separa de los animales (y que debí haber hecho desde el principio): un experimento.  Oprimí el botón verde, le metí el dedo al adaptador para que saliera el aire y nada.

Fui ahora totalmente sudado al cajero y le dije lo que sucedió.  Un tipo muy obeso a su lado, empleado también, preguntó que si yo estaba solo.  Le contesté afirmativamente y dijo con mucha autoridad:  -"Eso no hay forma de hacerlo sino es entre dos personas"-  

Comencé a abrir la boca para darle las gracias pues vi que hizo un movimiento.  Todavía quedaba gente buena en Puerto Rico.  Seguramente me iba a ayudar.  Él sería la persona número dos que permitiría que una maldita bomba que lo que requiere es que le espetes un simiñoco en un pistoco para que salga aire, requiera ahora a dos seres humanos para echar aire, por el amor de Dios.

Por supuesto el mundo moderno no es así.  Tras decirme que se necesitaban dos personas se dio la vuelta tras la caja y siguió haciendo la misma estupidez que hacía antes de que yo le permitiera invadir mi espacio vital con su estúpida aclaración de que hacen faltas dos hombres para echarle aire a una goma.  Lo mismo le pegábamos la bemba y la llenábamos a puro pulmón.

Me quedé mirando su obesa espalda, con el adaptador circuncidado aún en mi mano, le grité al otro cajero que quería mi identificación de vuelta y le devolví el estúpido garabato que no sé por qué lo guardan como si fuera un lingote de oro.  

Resignadovolví al expreso,  salí en la avenida Domenech (iba hacia la Milla de Oro) con la goma cas vacía, y vi un garaje Shell.  Allí me metí, vi una bomba de aire, gratis, con simiñoco y todo y le eché todo el aire que mi goma me pidió con unos silbidos orgásmicos.  

Por razón dicen que el aire es necesario para la vida.

viernes, 11 de julio de 2008

(Guavate Press) El PPR bota a la mitad de su matrícula

(Guavate Press) El partido Puertorriqueños por Puerto Rico (PPR) ha suspendido a cinco de sus miembros por apoyar al aspirante del Partido Popular Democrático a la alcaldía de San Juan, Ferdinand Pérez. Esto aún cuando el PPR no tiene aspirantes a dicha alcaldía. Guavate Press (GP) entrevistó al presidente del PPR, Rogelio Figueroa, y esto fue lo que dijo:
"Sé que estas suspensiones, que la semana que viene se convertirán en expulsiones, representan el 50% de la matrícula del PPR pero hay que poner disciplina. Esta gente no me pidió permiso para opinar. ¿Acaso se creían que aquí había libertad de expresión? Los cinco miembros restantes de este partido seguiremos con la agenda para un Puerto Rico mejor. Sentaremos cátedra sobre cómo se dirige un partido."
Todos los suspendidos eran aspirantes a la legislatura por la nueva colectividad. Estos eran Moisés Tollinchi, Ramón Pardo, Orlando Nieves, Víctor Rivera Galíndez y Pedro Torres López. Se ha informado que el PPD está tratando de convencer a los cinco expulsados para que se unan a su partido. Fortuño, sin embargo, ha dicho que no los necesita porque está seguro de su victoria en noviembre. De hecho, fuentes de GP aseguran que Fortuño no quiere hacer campaña y les ha pedido a los candidatos PNP que disfruten plenamente las vacaciones. Pero se nos informa también que Kenneth McClintock, sumamente preocupado por la actitud complaciente de los aspirantes PNPs, le envió una canción a Fortuño a ver si este despertaba de su letargo. La canción empieza así:
Esta es la historia de un buen conejo,
nadie pensaba que iba a perder,
y le dio sueño por el camino...
Por otro lado se informa que Barack Obama le ha ofrecido una posición a Rogelio Figueroa en su gabinete para que actúe como su doble en situaciones difíciles. Esto ante el sorprendente parecido de ambos. Después de discutirlo con su familia, Figueroa ha decidido que no pues si Obama se convierte en el primer presidente negro de EEUU inmediatamente ese será el trabajo más peligroso en la historia de la humanidad.GP ha recibido información de que Edwin Irizarry Mora, del PIP, se ha comunicado con Rogelio para darle apoyo. Le dijo Irizarry a Rogelio que acepte su derrota desde ahora, como el candidato del PIP hizo recientemente, y apoye a uno de los dos aspirantes restantes.

El FBI y Héctor Ferrer: Lo que no dijo la prensa

Cayey, Puerto Rico (Guavate Press). Una fuente de Guavate Press (GP) le ha provisto a Cargas y Descargas la transcripción de una grabación sobre parte de lo que ocurrió ayer en casa del representante Héctor Ferrer, cuando se le presentaron dos agentes del FBI. La grabación fue hecha por uno de los agentes con un micrófono escondido. GP la obtuvo a través de una persona que la agencia noticiosa ha infiltrado en el organismo federal.

La transcripción demuestra que allí sucedió mucho más de lo que el representante popular le ha admitido a la prensa. A continuación la transcripción de la conversación entre los agentes del FBI (F1 y F2) y Héctor Ferrer (HF):

(Se oyen ruidos estrenduosos metálicos, como si estuvieran rompiendo un portón. Luego golpes violentos contra una puerta).
F1: "Open the fucking door!
F2: "Open the door now, now, now
HF: Nena, llama a la policía que hay unos ladrones en la puerta
F1: It's the FBI, open up!
HF: Oh sorry, excuse me. (se oye la puerta abriéndose). I did not know. Please, please, come in.
F2: We need to ask you a few questions.
HF: Anything, anything.
F1: Do you know anything about the governor's underwear?
HF: What?
F2: Listen asshole, the calzoncillos, do you know if he uses boxers or the real tight ones?
HF: No, I have not had opportunity. But please come here to kitchen and I will fix you breakfast.
F1: OK. But do you have bacon and eggs?
HF: Yes, yes, from Costco, very good. You want tortilla or sunny side up?
F1: Tortilla? I don't eat that Mexican crap. Make me an omelette.
HF: O.K. I fix.
F2: Well, for me I want pancakes.
HF: OK, I make. I have real maple syrup from Maine.
F1: And coffee for the both of us.
HF: Yes, coffee, I make good. Honey! Kids! Come here and meet nice gentlemen from FBI
F1: Don't call them you idiot.
HF: Oh sorry.
(En este punto hay una pausa en la grabación, aparentemente durante el desayuno)
F2: So, you do not know anything about his underwear. Are you sure?
HF: Yes, I am sure but I can find out for you sir. OK?
F2: OK, but listen, we will be watching you. Don't you tell anyone about the nature of this conversation.
HF: Don't worry. I will tell them another story.
F1: That's a good boy.
HF: OK. I am a little nervous but thank you and I am sorry. You are always welcome to my house at anytime. And I fix you breakfast again.

martes, 19 de diciembre de 2006

El Día Que La Policía Casi Me Arresta

Nunca he tenido problemas legales. Pero una vez tuve un encuentro del tercer tipo con la Policía de Puerto Rico que me pudo haber marcado de por vida. Todo por una tontería. Padezco de algo que me he autodiagnosticado como clericofobia (no existe el término pero la lengua es dinámica). Es una aversión rayando en el terror a llenar papeles, formularios, informes, blancos, planillas y cosas parecidas. Especialmente si son del gobierno. La razón es que por lo general la experiencia me deja marcado por algún imbécil burócrata que abusa de mi buen sentido de la lógica. Por ejemplo, una vez fui a una oficina donde después de hacer una fila inhumana la persona que me atendió me pidió el sello de rentas internas de cinco dólares. Por supuesto nadie me había informado de este insignificante detalle que impediría que completara la transacción. Le pregunté dónde compraría el susodicho sello y me respondió que en la Colecturía de Rentas Internas, un edificio diferente al otro extremo del pueblo. Me fui con las manos vacías.

La historia que me ocupa tiene relación directa con la introducción anterior porque se me había vencido la licencia de conducir hacía muchos meses (muchos) y no había ido a renovarla por mi clericofobicidad. Una noche salí de la universidad a eso de las diez y decidí tomar una ruta que casi nunca tomaba. Me fui por la PR-14, iba a una velocidad moderada y a lo lejos vi los biombos de la policía. Por supuesto que cada vez que veía un policía me preocupaba pero pensaba que mientras no violara la ley no tendría problemas.

El corazón se me salió por la boca cuando veo a un policía haciéndome señas para que me detuviera. -“Me jodí“ -fue la frase que me dije en voz alta. Me detuve y tomé la decisión heroica e irreversible de que diría la verdad, aceptaría las consecuencias y ya. No sabía si me quitarían el vehículo pero sabía que la multa sería sustancial. Miré por el espejo lateral y vi al policía acercarse. Bajé el cristal y esperé el momento. Se me acercó muy cortés y me preguntó que si sabía por qué me había detenido. Le contesté que no tenía idea y me dijo que uno de los focos delanteros estaba fundido. ¡Claro! Maldita sea. Se me había olvidado el maldito foco. Shit. Puse cara de sorprendido y me dijo exactamente la frase que yo no quería escuchar: -“Deme la licencia del vehículo y su licencia de conducir-“. Saqué la licencia del vehículo de un bolsillo en una gaveta, se la di, y mientras él la estudiaba me preparé para mi gran confesión. Comencé a abrir la boca y la cosa más extraña ocurrió en ese momento.

-“The darndest thing”- dijo uno de los personajes en “The Usual Suspects”. El tipo había visto a Kayser Souze y no lo podía creer. Así me sentí cuando metí la mano en uno de mis bolsillos y saqué la billetera para darle al policía la licencia expirada que ni siquiera cargaba conmigo. Las compuertas del reino de la mentira se habían abierto y lo que le seguiría sería un diluvio.

Abrí lentamente la billetera y saqué una tarjeta. No era. Saqué otra. Tampoco. Otra. Otra. No tenía idea de la cantidad de tarjetas que cargaba. Tarjetas de crédito, de débito, plan de salud, electoral, identificación de la universidad, tarjetas de negocio de gente que ya no recordaba quiénes eran ni por qué las tenía, llaves electrónicas desechables de hoteles…En fin, aquello parecía un juego de póker. Notaba con el rabo del ojo la impaciencia del policía pero no había vuelta atrás. Mientras barajeaba las tarjetas me preguntaba cómo saldría de esta. Más bien sabía que no saldría. Sólo pensaba en las consecuencias de mi acción. Terminado el barajeo cogí las tarjetas y repetí el proceso con cara de sorprendido, como diciéndole al tipo que no entendía por qué no estaba allí la licencia. Lo hice cuatro veces y miraba de reojo por si acaso el tipo se acercaba la mano a su pistola en un acto de desesperación.

Ahora, ya cometido el pecado original, sólo quedaba hacer un performance. Siempre me gustó la actuación y de hecho participé en una que otra obrilla en la escuela. Así que abrí la gaveta entre los dos asientos delanteros y comencé a hurgar. No recordaba haber metido tanta basura allí. Busco y rebusco y noto que el poli se ha desesperado y comienza a sospechar que algo no anda bien. Camina hacia la parte posterior del vehículo y mira la tablilla. Lo estoy viendo claramente por el retrovisor. Se mueve por el lado lateral derecho y coteja el marbete. Camina nuevamente hacia mí y ahora dentro de mi carro los papeles y la basura vuelan por el aire como en la escena del cuarto poseído de “Poltergeist”. Lo siento resoplar a mi lado y decido atacar la guantera. Más basura, Dios. Papeles que había dado por perdidos. Caen al piso por la ley de la presión. Demasiados atosigados en un espacio limitado.

-“Caballero, ¿tiene o no la licencia?”- me preguntó impaciente. Una ventana. Podía pedir perdón. Podía suplicar misericordia. Lo miré fijo a los ojos y el diluvio siguió: -“Por supuesto que la tengo. Deme un minuto más que se la consigo”-

Lo que sucedió inmediatamente después me derrumbó emocionalmente. Toda la actuación, toda la mentira, todo el engaño estaba a punto de ser expuesto. No recibiría mi Oscar. –“Martínez”- gritó el policía,-“¿hay sistema en Guayama?”- ¿Sistema en Guayama? Oh my God. ¿Y quién carajos es Martínez? ¿Dónde está Martínez que no lo había visto todo este tiempo? Martínez estaba al otro lado de la carretera multando a algún individuo que seguramente tenía su licencia al día. Las malditas computadoras. Le dictarían la tablilla del vehículo a algún policía aburrido en Guayama, quien la metería en alguna base de datos, y allí, en microsegundos la pantalla escupiría la oscura verdad: Edwin Vázquez no sólo no tiene licencia, sino que hace muchos meses no la tiene, sabe que no la tiene, y te ha estado tomando de soquete y te ha hecho perder el tiempo.

El grito de Martínez pudo haber resucitado al mismo Lázaro: -“No. El sistema se cayó”- Dios. Martínez, mi amigo, mi querido amigo, gracias. –“Pero en Central hay”- ¿Central? ¿El Cuartel General de la Policía? Pero ¿por qué no se van a buscar verdaderos criminales? Maldito Martínez, maldito. –“Pero el sistema está bien lento”- gritó Martínez. Yes, lento. Así me gusta, bien lento. Gracias señor de los conductores sin licencia.

Ahora el policía a mi lado me miró a los ojos. Yo esperaba, por supuesto, lo peor. Miré sus manos para asegurarme de que no sostenía la pistola. Desde el duelo en el Corral OK no había habido dos miradas retándose de esa manera. No cedí y las palabras cayeron como una bendición: -“Caballero, lo voy a dejar ir pero arregle ese foco. ¿Está bien?”-

Alguien dijo en algún lugar alguna vez que no existe el crimen perfecto. Lo que dije después corroboraría ese postulado. El asunto es que me puse tan contento que en vez de arrancar y largarme cuanto antes del lugar me sorprendí hablándole al guardia. Innecesariamente le dije que no sabía qué había pasado con mi licencia, que no entendía por qué no la tenía conmigo, que lo más seguro la usé de identificación en algún comercio y algún dependiente irresponsable no me la había devuelto, que….entonces lo noté. Fue casi imperceptible pero la luz del foco callejero alumbró el pequeño músculo facial policial que se contrajo como cuando alguien se da cuenta, de sopetón, que le han mentido, que todo ha sido una farsa, que este tipo ha mentido por los poros.
Inmediatamente callé. Le di las gracias, le aseguré que arreglaría el foco y me largué a toda prisa. No podía creer lo que había sucedido. Era sobrenatural. No se supone que ganara esa batalla. Había derrotado al sistema. No estaba orgulloso porque sé que había violado la ley al conducir sin licencia y porque había mentido descaradamente. Pero un pequeño músculo facial se me contrajo en el área de la boca y me dibujó una sonrisa.

A veces los astros se conjuran y se alinean. A veces dos rayos caen en el mismo sitio. Una semana después me enteré a través de mi padre que esa misma noche, una media hora tras mi escape, él pasó por la misma carretera y lo detuvo el mismo policía. Papi había bebido un poco más de lo debido. El tipo fue a buscar el aparato de soplar y en un momento Eureka y de claridad mental total papi tomó una decisión monumental. Exhaló con toda la fuerza de sus músculos abdominales, cogió una bocanada pura de aire fresco y cuando llegó el policía, respiró en la maquinita. Cero punto cero siete. Cero punto cero ocho es ilegal. Papi había derrotado el sistema, media hora después de que su hijo hiciera lo propio.

No nos juzguen mal. Fueron hechos aislados. O, por otro lado, este es el Caribe. Bienvenidos a la bayoya.

Publicado en Cargas y Descargas.



Añade a Onlywire




RANKING


viernes, 24 de noviembre de 2006

Cinco Engaños que Marcaron Nuestras Vidas

1. Lo importante es ser un buen perdedor

Falso. No existen buenos perdedores. Todos los perdedores son malos. De hecho, esa es la razón por la cual perdieron. La vida me ha enseñado que es mejor ganar que perder. Lo importante es ser un buen ganador. Siempre. Una variante igualmente perniciosa de este engaño es cuando dicen que lo importante no es ganar sino competir. No entiendo el concepto. Si usted está consciente de que no tiene la más mínima oportunidad de ganar, ¿para qué diablos compite? ¿Y qué importancia tiene competir si no es para ganar? ¿O es que competimos para perder?

2. El dinero no compra la felicidad

Pregunto, ¿por qué cuando tengo dinero soy feliz y cuando no lo tengo me siento miserable? Y si el dinero no compra la felicidad, ¿cómo la puedo comprar? ¿Cuál es la moneda? Pensándolo bien, ¿qué diablos es la felicidad?

3. Cómetelo todo porque hay niños en África muriendo de hambre

Acepto que me lo comía todo por pena a los niños africanos. Pero aún en mi inocencia infantil me preguntaba cómo el que me comiera toda la comida iba a ayudar a un niño hambriento. Yo era el que me comía la comida, no él. Además, algo no sumaba. Si me la comía toda, ¿qué quedaría para el niño africano?

4. La Biblia dice ayúdate que yo te ayudaré

Con mentiras como esa me obligaban a hacer tareas que detestaba. De alguna manera Dios me recompensaría. Falso. No está en la Biblia.

5. No se mueve una hoja en un árbol sin la voluntad de Dios

Esta me metió miedo porque pensé que todo lo que me ocurría era un designio divino. Un día me dio con buscar la frase en la Biblia y descubrí que es falso. En ningún lugar de la Biblia dice eso. Para eso están las leyes de la naturaleza. Para eso está el viento maldita sea. Para que se muevan las hojas.

Publicado en http://edwinvazquez.blogspot.com


RANKING

jueves, 23 de noviembre de 2006

El Maldito Día del Pavo

La revelación me alumbró como un sol mañanero de noviembre sobre las costas de Yabucoa. Las palabras me rodaron redondas por la boca como El Contemplado de Pedro Salinas cuando miró el mar Atlántico de Puerto Rico. Cuando mordí el tercer plato obligado de pavo del día, en la tercera parada obligada del día, me sorprendí diciendo a viva voz: “Esto sabe a mierda”. Y es que comprendí que no comprendía por qué celebramos esta ridiculez. El tercer jueves de cada noviembre de cada año los puertorriqueños nos sentamos a comer pavo, el ave más desabrida y más difícil de condimentar del planeta. Y para colmo se supone que le demos gracias a Dios.

Sorprendí a mi madre con la pregunta-“Mami, ¿qué rayos celebramos hoy?”- Rápido me disparó-“El día del pavo, por supuesto”- Hizo una pausa y estalló en carcajadas ante la incoherencia sin significado que había dicho. Se dio cuenta en ese segundo que celebramos un día para un ave que no es autóctona de Puerto Rico y que la mayoría de nosotros sólo come el tercer jueves de noviembre de cada año sin preguntarnos por qué.Me di cuenta inmediatamente de la injusticia zoológica y culinaria del asunto.

Los puertorriqueños no sólo no comemos pavo rutinariamente, ni esporádicamente, sino que somos, junto a los cubanos, los expertos mundiales en la confección de cerdo asado. Ellos le llaman puerco pero es la misma cosa. Sin embargo nunca hemos celebrado el Día del Cerdo. Pregúntele a cualquier turista que haya visitado las lechoneras de Guavate, cerca de donde vivo, cuál fue la experiencia más memorable de su visita y le dirá con su acento peculiar: el cuerito de cerdo. La razón de esto es que la carne de cerdo, puerco si es cubano, embebe la sazón con una pasión cochinera. Le mete usted orégano, sal, pimienta y una que otra hoja de laurel en las proporciones deseadas y el puerco echará alas en el fogón. Áselo lentamente a la varita, o en su horno si es una pieza, y los dioses bajarán del cielo a olerlo. Las gracias a uno de los hermanos Pinzón que vino con Colón en las caravelas y tuvo la buena idea de traer cerdos a Puerto Rico. De pata negra no son pero terminan con un sabor más sublime.

Recuerdo nuevamente a la elegante mujer sanjuanera que fue a la lechonera cayeyana “El Cuñao” vestida como María Antonieta. El moño le llegaba a las nubes. Media hora después cuando la vi por poco me ahogo. El moño se la había caído y ahora mordía furiosamente un pedazo de cuero de lechón mientras la grasa le rodaba por la barbilla y le manchaba el traje de encajes. En algún momento de la historia, algunos peregrinos vinieron de Inglaterra, creo, llegaron a las costas de Massachusetts, creo, y les dio mucha hambre. Por allí revoloteaban muchos pavos y algún peregrino le disparó a uno, lo cocinó, se lo comieron y le dieron gracias a Dios. Claro que por la bajo todos dijeron lo mismo-“Esto sabe a mierda”- pero no se puede ser malagradecido y siguieron celebrando la cosa. De hecho, al principio la celebraban con los indígenas nativos hasta que a uno de los peregrinos se le ocurrió que aquellas tierras eran buenas y debían ser de ellos. Por supuesto los nativos salieron corriendo huyéndole a la pólvora.

De alguna forma, o de muchas formas como es lo usual, la tradición de Thanksgiving llegó a Puerto Rico para quedarse. Como Santa Claus, San Valentín y tantas otras. Como aquí no entienden el significado original de la celebración le cambiaron la pronunciación a San Givin. O sea, no dudaría si hay puertorriqueños, mi madre excluida, que creen que celebramos el día del santo Givin.

Mordí la tercera ración de pavo y me pregunté ¿qué carajo tiene esta carne que no coge sabor? Algunos tendrán infinidad de recetas, infinidad de trucos para que el pavo sepa a algo mejor. De hecho, la frustración llegó al punto que a alguien se le ocurrió darle el sabor del lechón a los pavos. Un héroe nacional, sin duda. Usó el condimento del lechón asado en un pavo y se inventó el pavochón. Esta palabra debe estar ya en la Real Academia Española. Y es nuestra. Sólo nuestra. El pavochón es carne de pavo adobada como si fuera un lechón. Sin embargo siento informarles que ni sabe a pavo ni sabe a lechón. Como habrían dicho los peregrinos-“Sabe a mierda”- Por supuesto los salubristas apuntarán a las ventajas de la carne de pavo sobre el lechón. Menos grasa. Menos colesterol. Entonces les preguntaré ¿qué efecto saludable tiene el comer como cerdos por 364 días y dedicarle uno a la carne esa que sabe a celulosa, a papel prensado? Give me a pilgrim break!

Ya hice el anuncio oficial en mi familia. Se acabó el suplicio anual del pavo. Si le quieren dedicar un día a un animal comestible que sea el cerdo, el pollo o la res. Ese es el triunvirato de carnes cotidianas en la dieta boricua. El año que viene no visitaré a nadie. Los familiares que quieran que vengan a casa. Allí disfrutarán de un delicioso pernil de cerdo que asaré a la varita. O como dirían los cubanos, una pata de puerco.

Publicado en http://edwinvazquez.blogspot.com


Tags:

sábado, 4 de noviembre de 2006

Curso de Administración y Gerencia en Tres Minutos

Primera lección de administración y gerencia

Un águila estaba sentada sobre un árbol descansando y sin hacer nada. Un conejito vio al águila y le preguntó: “¿Puedo sentarme como tú y no hacer nada?” El águila le respondió: “Claro, por supuesto”. Así que el conejito se sentó en el suelo debajo del águila y descansó. De pronto apareció una zorra, atrapó al conejito y se lo comió.

Conclusión
Para poder sentarse sin hacer nada usted debe estar sentado bien, pero bien arriba.


Segunda lección de administración y gerencia

Un pavo estaba hablando con un toro. “Me encantaría poder llegar al tope de ese árbol”, suspiró el pavo, “pero no tengo la energía necesaria”.
“Bien, ¿por qué no te comes un poco de mi mierda?” le contestó el toro. “Está llena de nutrientes”. El pavo se comió un poco de la mierda del toro y notó que le dio la fuerza necesaria para llegar a la primera rama del árbol. El día siguiente comió más y llegó a la segunda rama. Finalmente, el tercer día el pavo estaba orgullosamente trepado sobre la rama más alta del árbol. Entonces un cazador lo vio, le disparó y lo mató.

Conclusión
Comer mierda puede llevarte hasta el tope pero no te mantendrá allí por mucho tiempo.

Tercera lección de administración y gerencia

Un pajarito estaba migrando hacia el sur huyéndole al invierno. Pero hacía tanto frío que el pajarito se congeló y cayó al suelo. Mientras yacía allí vino una vaca y se le cagó encima. El pajarito sintió el calor de la mierda y comenzó a descongelarse. Cuando se descongeló por completo se sintió tan feliz que comenzó a cantar. Un gato que pasaba por el lugar escuchó al pajarito, lo sacó de la mierda y se lo comió.

Conclusiones
1. No todo el que se te caga encima es tu enemigo.
2. No todo el que te saca de la mierda es tu amigo.
3. Cuando estés hundido en la mierda mantén la boca cerrada.

Así concluye el curso de 3 minutos de Administración y Gerencia

Anónimo
Traducido del inglés
Publicado en http://edwinvazquez.blogspot.com

viernes, 3 de noviembre de 2006

Los Reyes Magos no Vendrán este Año

RECIBÍ ESTE ESCRITO ANÓNIMO VÍA CORREO ELECTRÓNICO.

Amiguito boricua:

Te escribimos los Tres Reyes Magos. Por lo general eres tú quien nos dejas cartas en la víspera de nuestra celebración, pidiendo como siempre, en el último momento, los regalos que deseabas que el gordo pendejo de Santa Claus te trajera pero que no aparecieron a la mañana siguiente.

Esos somos nosotros, las jodías sobras. Y otra cosa: ¿te sabes al menos el nombre de uno de los venados de Santa? (apuesto que "Rudolph"), pero jamás has presentado interés en conocer el nombre de nuestros camellos (por si acaso: Tony, Paquito y Noel).

Pero, como sea, venimos a traerte juguetes y regalos con mucho amor. A cambio, nos dejas tres pendejas cajas de hierba. ¿Carajo.... Acaso no crees que los camellos pueden comer directamente de tu patio? Todos están obsesionados con alimentar a los jodíos camellos, y nosotros, los Reyes, que nos jodamos. Tenemos que comernos las sobras que dejaron de la fiesta de vísperas.

Al gordo culón y barrigón les dejan galletas y, nosotros, para que nos marquen de tercermundistas, nos dejan la mierda de hierba esa. Pero, ese no es el motivo de esta carta. Queremos advertirte que no podremos visitarte el próximo año porque estamos en prisión.

El problema ocurrió en el aeropuerto. Sabes que no tenemos trineo ni venados voladores, sino tres viejos camellos cuyos nombres espero hayas aprendido. Los camellos viajan por barco y nosotros por avión. Esta vez llegamos con bastante antelación, pues todos los años es un jodío pugilato bregar con aduana, y como no entendíamos el jodío horario de vacaciones del gobierno, pues nos presentamos con bastante tiempo. Pero no pudimos abandonar el cabrón aeropuerto. Desde hace unos años, se nos ha hecho la cosa dura para nosotros los árabes. El Incienso nos lo confiscaron, el Oro se lo robaron mientras Baltasar echaba una meaita en el baño del terminal, y con la Mirra perdimos como dos horas explicando que carajo era, porque ni siquiera nosotros estamos seguros.

El problema empezó con Melchor. Por que, mira, si es duro ser árabe. Imagínate ser árabe y negro. Cada vez que Melchor entra en una tienda lo miran como si fuese a robarse algo, y después explotar el sitio en pedazos. Menos mal que aquí no hay prejuicios. Trataremos de no desviarnos. El asunto es que detienen a Melchor para preguntarle pendejases como, por ejemplo, si viaja solo o acompañado. -"Viajo solo. Es que da la casualidad que estos dos tipos compran en la misma tienda de ropa que yo" contestó el muy chistoso pendejo. Intervenimos diciendo que éramos amigos. Entonces le preguntaron a Melchor por nuestros nombres, y el muy cabrón nos confundió. Hasta él enreda cuál es Gaspar y cuál es Baltasar. Entonces Melchor comienza su discurso de que seguramente Santa no pasa estos problemas, que claro, es americano y blanco, ya sabes, toda una jodía letanía.

No debimos dejarle comprar aquella botella de licor en el "duty free". Pero fue Gaspar quien metió la pata. Él quiso demostrar que representábamos el espíritu de la Navidad, y decidió cantar un tema navideño local para animar a todos los presentes. Pudo haber cantado del lechón que muere de repente, sobre la botellita que no tiene tapita, o la jodía paloma para subir a su nido. Pero no. El muy cabrón de pronto grita: "¡Bomba!" Y aquí fue donde se jodío la cosa..... Se formó un crical de tal magnitud que tal parecía que habían anunciado un posible paro de gasolina. Todo el mundo se puso a correr histérico. Dieron un anuncio y cerraron el aeropuerto. Nos hicieron una inspección completa, bien completa y dolorosa. Hasta dentro del culo nos chequearon. Entonces me encontraron unas frutas que no había reportado a agricultura y yo también me jodí. Eso, puñeta, es culpa de ustedes que no nos dejan algo decente para comer. Ahora estamos bien jodíos en la cárcel.

Espero que comprendas. Otro año será!

Felicidades!,

Los tres Reyes Magos
Melchor, Gaspar y Baltasar