jueves, 13 de noviembre de 2008

El problema de conducir con una goma casi vacía

Ayer, a punto de dirigirme a San Juan a una reunión, noté que una de las gomas (llantas) del carro estaba bastante vacía.  Hice memoria de qué garaje tenía una bomba de aire.  Recordé que había una en el garaje Shell cerca del peaje Caguas Sur.  Me dirigí con cuidado y efectivamente allí estaba la bomba.  Deposité los 50 centavos que me cobrarían por aire (antes era gratis y todas las estaciones tenían una bomba) y nada sucedió.  Busqué por si acaso tenía un botón que oprimir pero nada.  

Procedí a usar la técnica más efectiva para arreglar equipos eléctricos:  le caí a golpes a la máquina.  Nada.  Fui a la cajera y le informé.  Me miró curiosa y siguió atendiendo a otros clientes.  Por supuesto mi idea era reclamarle por los 50 centavos pero sé cuándo no vale la pena perder el tiempo.

Volví al expreso rumbo a San Juan con la estupidísima idea de que en el peaje de Caguas Norte había una bomba de aire.  No sé de dónde me salió el pensamiento.  A lo mejor algún día hubo una y se me quedó grabado.  Me dirigí al carril extremo de la derecha, le doy el dinero a la chica del peaje y le pregunto por la bomba de aire.  Me miró con una cara de retardación mental que me hundió el corazón ante la posibilidad de que me quedara sin goma en medio de la autopista. No entiendo por qué el gobierno no nos puede proveer un servicio tan básico como bombas de aire  y de agua en los peajes.  Estamos pagando por eso.  

Mi próxima meta era el garaje de gasolina del centro comercial Montehiedra.  Llegué y leí con gusto cómo la bomba anunciaba que el aire era gratis (como deben ser la libertad, el agua y la vida misma).  Desenrrollé la manguera, me dirigí a la goma medio vacía y traté de conectarla al "pistoco" de la goma.  

Fue ahí que me di cuenta de que a la manguera le faltaba la punta conectora.  Entonces fue que vi el letrerito que anunciaba que el cajero tenía el adaptador necesario.  Voy al cajero, hago la fila de rigrt, le pido el adaptador y me pregunta si la goma herida es delantera o trasera.  Trasera, le respondí.  Frunció el ceño y me empezó a darme una serie de explicaciones sobre cómo proceder. Sólo entendí las primeras dos; carro en reversa; no soltar botón verde.  Por supuesto tenía que dejarle una tarjeta de identificación, no fuera que hiciera un "adaptadorjacking".  

Armado con esa información incompleta y el adaptador, metí el carro lo más cerca que pude de la bomba.  En reversa por supuesto.  Puse el adaptador en la manga y al tratar de conectarlo a la goma noté que le faltaba una pieza que permitía dejar a esta conectada al "pistoco".  En otras palabras, tendría que aguantarlo mientras se llenaba la goma.  Entonces fui a prender la máquina, oprimí el botón verde, y tan pronto lo solté la máquina se apagó.  O sea, había que mantener el boton apretado para que la máquina trabajara.  

He aquí el problema:  no había forma de que pudiera mantener el adaptador conectado al pistoco y el botón verde oprimido al mismo tiempo.  Era un acto humanamente imposible dada las distancias dictadas por barreras arquitectónicas.

Había comenzado a sudar profusamente.  Estaba en manga larga y corbata y sabía que para los que pasaban por allí yo era un acto digno de buenas carcajadas, pero necesitaba llenar esa goma.  

Si algo nos distingue a los humanos de los animales es la capacidad de invención y de utilizar herramientas (aunque hay dos o tres animales que las usan).  Busqué en el carro el paraguas gigante ( le llamo la carpa) que parece una lanza cuando está cerrado.  Con el sudor bajándome por los ojos y cegándome logré oprimir el botón verde con el paraguas mientras apretaba el adaptador contra el pistoco.  

Nada sucedía.   No salía aire.  Entonces hice otra cosa que nos separa de los animales (y que debí haber hecho desde el principio): un experimento.  Oprimí el botón verde, le metí el dedo al adaptador para que saliera el aire y nada.

Fui ahora totalmente sudado al cajero y le dije lo que sucedió.  Un tipo muy obeso a su lado, empleado también, preguntó que si yo estaba solo.  Le contesté afirmativamente y dijo con mucha autoridad:  -"Eso no hay forma de hacerlo sino es entre dos personas"-  

Comencé a abrir la boca para darle las gracias pues vi que hizo un movimiento.  Todavía quedaba gente buena en Puerto Rico.  Seguramente me iba a ayudar.  Él sería la persona número dos que permitiría que una maldita bomba que lo que requiere es que le espetes un simiñoco en un pistoco para que salga aire, requiera ahora a dos seres humanos para echar aire, por el amor de Dios.

Por supuesto el mundo moderno no es así.  Tras decirme que se necesitaban dos personas se dio la vuelta tras la caja y siguió haciendo la misma estupidez que hacía antes de que yo le permitiera invadir mi espacio vital con su estúpida aclaración de que hacen faltas dos hombres para echarle aire a una goma.  Lo mismo le pegábamos la bemba y la llenábamos a puro pulmón.

Me quedé mirando su obesa espalda, con el adaptador circuncidado aún en mi mano, le grité al otro cajero que quería mi identificación de vuelta y le devolví el estúpido garabato que no sé por qué lo guardan como si fuera un lingote de oro.  

Resignadovolví al expreso,  salí en la avenida Domenech (iba hacia la Milla de Oro) con la goma cas vacía, y vi un garaje Shell.  Allí me metí, vi una bomba de aire, gratis, con simiñoco y todo y le eché todo el aire que mi goma me pidió con unos silbidos orgásmicos.  

Por razón dicen que el aire es necesario para la vida.

5 comentarios:

  1. Una experiencia como esta (especialmente con los empleados de la gasolinera en Montehiedra) me llevaría a preguntarme, una vez más, qué ha sucedido con el sentido común de la mayoría de las personas. ¡Es aire, aire y no petroleo! ¿Por qué lo complican tanto?????????
    Me alegro que llegaras a tu destino sin quedarte con una goma vacía o explotada en la autopista.

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  2. Ay Edwin! Que mal te va! da gracia, pena y reflexion tu escrito.En la Muñoz Rivera, muy cerca de donde estabas, hay una Texaco y alli yo llene una vez aire por una peseta. La verdad que me sorprende que el gordo no te haya ayudado!, ni el cajero! Pero mira, tranki,ahora viene un Cambio....

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  3. Por supuesto que esta experiencia me hace recordar cuando tuve exactamente la misma situación y llegué también hasta el mismo garaje de Montehiedra. Para acortar la historia, acabé cruzando la avenida con mis hijos de 1 y 7 años y esperando media hora a que abrieran el K-Mart del centro comercial para comprar un compresor y poder llenarla. Total del tiempo invertido en 'oxigenar' la goma de mi vehículo: 1 hora y 10minutos. Nunca llegué a tiempo a mi destino.
    Gracias por la mundana pero necesaria historia que no es solo sobre gomas y aire, sino sobre la falta de lógica y de solidaridad cotidiana.

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  4. Edwin: Me sufrí tu relato porque está del mero. Me acuerda cuando viniendo de Gurabo a mucha velocidad se me explotó una goma y por poco las lío. Menos mal que llegaste sin más percances a la Shell. Eso es cerquita de donde vivo y pena que no supiste que un poco más arriba hay una Texaco donde dan un servicio maravilloso y te llenan las gomas si lo pides a un dominicano simpatiquísimo que atiende. Creo que es una de las pocas estaciones de gasolina en el área metropolitana que da servicio completo al que lo pida.

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  5. Saludos Edwin,
    Perdí el hilo por un par de años, pero aquí estoy de regreso.

    Torturing Democracy

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