Ibrahim urgó meticuloso entre los bolsillos del soldado. No buscaba cédulas de identidad ni documentos secretos de guerra. Buscaba dólares. Tomó el billete de cien y miró el cuerpo con asco. Quería escupirle la cara pero no encontraba la cabeza. En ese preciso momento el tiempo y el espacio formaron un círculo en el Universo y en algún pueblito de Utah los padres del soldado abrieron la carta. “Mami y Papi, no se preocupen. Por acá todo está bien…”.