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viernes, 28 de noviembre de 2008

Los 50 + 50 años borrados

Recuerdo mi primer curso de historia de Puerto Rico.  Fue en la escuela superior, casi doce años después de haber entrado a la escuela y a punto de graduarme para ir a la universidad.  Fue un curso de un semestre.  El semestre siguiente me obligaron a tomar historia de Estados Unidos.

El curso que tomé fue uno disectado de todo evento crucial para la formación de la nacionalidad puertorriqueña.  Nos hablaron de los taínos, los negros, los españoles y la supuesta mezcla de las tres razas que culminarían en un ser superior llamado puertorriqueño.  Porque si algo estaba claro en esos cursos es que los boricuas éramos el ombligo del mundo.  Y que nuestra historia terminaba en 1898.  Ahí terminaba el curso.  Así fue en la escuela superior y en el curso requerido de un semestre de historia de Puerto Rico durante mi bachillerato que exige la Universidad de Puerto Rico (por supuesto con un semestre de historia de Esados Unidos).  Aún hoy día ese es el caso en el primer centro docente del país.  Un bochorno nacional.

Lo otro que nos enseñaron es que los puertorriqueños éramos incapaces de gobernarnos a nosotros mismos. Esta no era una aseveración implícita; era una oración declarativa emitida por el maestro de turno.  La idea era que los Estados Unidos nos hacía un favor al gobernarnos porque nosotros, neandertales caribeños, no podríamos jamás.  

Nos repetían a saciedad que los puertorriqueños nos distinguíamos por ser hospitalarios y pacíficos.  No creíamos en la guerra ni en tomar armas por ninguna razón.  Eso nos dijeron.  Era algo como metido en nuestros genes, una incapacidad biológica para tomar las armas en contra de los opresores.  Eso nos enseñaron.

Nos dijeron que algo terrible había pasado en Cuba y que Puerto Rico estaba en peligro de sufrir el mismo destino.  A mí me decía un maestro en el curso de Estudios Sociales que los cubanos se estaban muriendo de hambre, que no tenían jabón para bañarse y que Fidel Castro era un ser atroz.  Me lo dijeron verbatim.

A mí me dijeron que evitara enseñar la bandera puertorriqueña porque eso era cosa de independentistas, que era lo mismo que comunistas que destruirían nuestro país.  Y los comunistas no estaban muy lejos del infierno.  Eran terroristas esos que enseñaban la bandera de Puerto Rico.  Los maestros querían convertir así a nuestra bandera en un símbolo terrorista.  

Nos dijeron que no teníamos recursos naturales de ningún tipo por lo que la independencia del país sería un disparate.  ¿De qué viviríamos?  Seguramente nos moriríamos de hambre.

La invasión a tiro limpio de los estadounidenses a nuestra nación, que ya ostentaba el carácter de país autónomo, sería ocultada bajo el eufemismo de "cambio de soberanía".  Nos ocultaron que el Senado de Puerto Rico rechazó la ciudadanía "americana" en el 1917.  No nos dijeron que bajo la bandera estadounidense Puerto Rico fue descrito a nivel mundial como el "arrabal del Caribe" ("the poorhouse of the Caribbean").  Nos ocultaron que bajo ellos el promedio de vida no llegaba a los 50 años.  

Jamás nos hablaron de Pedro Albizu Campos y la revolución armada del Partido Nacionalista contra los estadounidenses.  Si hablaban del ataque a la Casa Blair lo hacían como cuando se habla de terroristas atacando al Vaticano.  Nada de los años 1930s y Don Pedro.  Silencio total por ese frente de guerra.  Los 1940's nacarile.  

No nos dijeron que aquí se declaró al inglés idioma oficial en el 1902.  No supimos nada de una Ley de la Mordaza.  Nada de Cornelius P. Rhoads,  de la Masacre de Ponce, del Grito de Jayuya, del asesinato en prisión de Don Pedro con agentes radioactivos.

Nos dijeron que algo maravilloso ocurrió en 1952, cuando nació el Estado Libre Asociado de Puerto Rico.  Con un brochazo borraron 50 años de historia.  

Esto significó que más de una generación de puertorriqueños se crió sin tener una idea sobre la historia de Puerto Rico desde el 1898 hasta el 1952, año donde se establece el actual estatus colonial.  

Por supuesto los cincuenta y pico de años restantes sufrieron un lavado de cara mientras todo el movimiento independentista era severamente reprimido.  Pero eso tampoco nos lo dijeron.

Los que conocemos poco o mucho de la historia de Puerto Rico del siglo XX lo hemos hecho por decisión propia.  El Departamento de Educación de Puerto Rico ha sido el mejor cómplice de los gobiernos  para suprimir nuestra realidad histórica.  Libros hay, pero la mayoría de los puertorriqueños no los conocen.  

He ahí la mayor falla de los grupos independentistas del país.  Es un error común.  Uno se satura de un conocimiento y cree que todo el mundo ve lo que para nosotros es obvio.  No consideramos que el velo que se la ha puesto a nuestro pueblo es tan grueso que no bastan  frases eleccionarias para romperlo.  

Ahí está el gran fracaso del Partido Independentista Puertorriqueño y de todos los grupos independentistas que aspiran a que Puerto Rico sea una nación soberana.  No es yendo una y otra vez a los concursos electorales que la gente apoyará la independencia.  Es a través de la educación que se logrará esto.  Enseñar historia, nuestra historia, rescatar estos pasados 50 años más los 50 adicionales, un siglo de historia perdida, es la única forma en que se logrará.    

Hay sólo tres formas de lograr la independencia de Puerto Rico: educación, educación y educación.

Edwin Vázquez de Jesús

sábado, 8 de diciembre de 2007

Cosas Que Mister Colón(ia) No Me Enseñó

La mayor parte de las cosas que aprendí en la escuela sobre Puerto Rico las aprendí por mí mismo. La razón es sencilla: nunca me las enseñaron. Para colmo cuando fui a la universidad sólo me requirieron un curso de un semestre sobre historia de Puerto Rico. Hice un bachillerato en biología con una concentración menor en pedagogía en ciencias. Entre los requisitos para solicitar la licencia que expide el Departamento de Educación estaba, y aún está, un curso de sólo un semestre de historia de Puerto Rico más un curso de un semestre de historia de Estados Unidos. Nuestro sistema de enseñanza nos ha llevado el mensaje subliminal de que la historia de Estados Unidos tiene la misma importancia que la nuestra. Es parte de una estrategia de americanización de los puertorriqueños a través de la educación. Es como el yodo que se le echa a la sal para asegurarnos de que obtengamos ese elemento.

Luego estaba el adoctrinamiento social donde todo lo americano (entiéndase estadounidense, que americanos somos todos) era grande y bueno. Los huevos grandes eran americanos, aunque fueran de gallinas jayuyanas. Las avispas grandes eran americanas también aunque volaban en nuestros campos. Si eras alto y rubio parecías americano aunque fueras de Lares con un fenotipo heredado directamente de Las Canarias. Sólo en Estados Unidos nevaba, a juzgar por las fotos y las discusiones del “weather” en el salón. Y la nieve era tan sublime que los puertorriqueños estaríamos condenados al sufrimiento de jamás poder tocarla. Por eso Doña Felisa Rincón de Gautier, cuando era alcaldesa de San Juan, trajo nieve a Puerto Rico, para que los niños pobres pudieran jugar en ella. Por supuesto que el rubio sol de Borinquen se encargó de convertir aquella pila en una plasta resbalosa y derretida, con el mensaje poderoso, que pocos captaron, de que aquí hay cosas mejores. Sí porque nunca, o poco, nos hablaron de las bahías bioluminiscentes, mucho más gloriosas que la nieve pasajera e invernal y que no existían en Estados Unidos. Ni del Bosque Seco de Guánica, que por poco destruyen con un Club Med que harían por el lugar. Sabíamos que había cavernas en Camuy pero nada del significado ambiental de éstas ni que son de categoría mundial. De la zona del Karso, una de las pocas del mundo, nada. Del maravilloso origen volcánico de Puerto Rico, nacarile del oriente.

Simón Bolívar pisó suelo boricua en Vieques y no nos lo dijeron. La policía local, controlada por el gobierno americano, llevó a cabo masacres en Río Piedras y en Ponce, entre otras, y en la escuela lo callaron. La legislatura de Puerto Rico, presididida por José de Diego, rechazó la ciudadanía americana impuesta en el 1917 y no nos enteramos. Nos dijeron que en Puerto Rico no hubo una invasión en el 1898 sino un cambio de soberanía. Nunca nos dijeron que durante la primera mitad el siglo veinte, bajo el dominio americano, Puerto Rico era el país más pobre de todo el Caribe. Se le conocía como “The Poorhouse of the Caribbean”. No nos dijeron que el largo de vida promedio rondaba los 40 y pico de años. La gente moría de disentería, tuberculosis y malnutrición. Bajo el gobierno de los Estados Unidos, por supuesto. Que los americanos decretaron que toda la enseñanza en las escuelas públicas sería en inglés solamente, prohibiendo así el español en el sistema educativo. De ahí surgió la inspiración para el cuento Santa Cló va a la Cuchilla, de Don Abelardo Díaz Alfaro. Callaron el hecho de que Pedro Albizu Campos, ante esta situación, se levantó en armas con un puñado de seguidores, contra el imperio más poderoso de la tierra. Y callaron que a Don Pedro lo mataron irradiándolo con isótopos radioactivos.


Nos despojaron del conocimiento de la gloriosa lucha conjunta de cubanos y puertorriqueños durante la Guerra de la Independencia del hermano país. No nos dijeron que en Cuba hay héroes boricuas enterrados. Sí nos dieron a entender que, después de Satanás, Fidel Castro era lo peor que le había pasado a la humanidad. Del corrupto dictador cubano Fulgencio Batista no nos hablaron. Nos ocultaron que Cuba cuenta con el mejor sistema de salud del hemisferio. Sabíamos que nuestro regimiento 65 de Infantería había sido famoso porque nombraron una avenida en honor a ellos. Pero no nos dijeron que los americanos los usaron como carne de cañón en la Guerra de Corea. Los mandaban al frente a conquistar colinas, y los americanos blancos atrás esperando a que los boricuas les hicieran el trabajo.

Ocultaron el hecho de que nuestras mujeres fueron usadas como conejillas de Indias para experimentos con la pastilla anticonceptiva. Vinieron aquí porque en Estados Unidos se lo prohibieron a Pincus y asociados. Pincus et al. manipularon resultados e ignoraron informes de que las dosis que estaban administrando estaban causando serios efectos secundarios e incluso la muerte. No nos enteramos de que en la antigua Escuela de Medicina Tropical el Dr. Lorenzo Galindo enviaba cadáveres robados a Estados Unidos durante los 1960’s para el Proyecto Sunshine del gobierno de Estados Unidos. No nos hablaron de La Operación, proyecto del gobierno popular de Luis Muños Marín que resultó en la esterilización de casi un tercio de nuestra mujeres en edad reproductiva, sin que la mayoría de éstas se enteraran. El control forzoso de la natalidad en Puerto Rico, auspiciado por el gobierno de Estados Unidos, es un acto inconcluso de agresión nacional que no ha sido debidamente investigado. Por supuesto ocultaron también los asesinatos de ocho puertorriqueños a manos del Dr. Cornelius P. Rhoads, inyección de sustancias radioactivas a pacientes en el antiguo Hospital de Veteranos, y los experimentos con el agente naranja en nuestros bosques, entre muchos otros. Aún hoy lo hacen. Recientemente nos enteramos de que se está probando una vacuna contra el dengue usando a puertorriqueños como organismos experimentales.

No aprendí estas cosas porque los cursos de historia de Puerto Rico terminaban en el 1898 con el “cambio de soberanía”. Desde esa fecha en adelante no había historia puertorriqueña, salvo uno que otro evento subrayado como el establecimiento del Estado Libre Asociado en el 1952 y…no recuerdo otro. Así fue que crecí como un ser colonizado. Esa costra que te tapa los sentidos y te hace creer inconcientemente que aquellos son, por razones divinas, superiores. Hasta que te das cuenta de que Diego Salcedo es tan mortal como tú. Algunos hemos tenido la suerte de ver. La venda de los ojos fue quitada por algún evento o experiencia que te hace cuestionar las cosas. Alguna anomalía de lo establecido, como diría Thomas Kuhn. En mi caso fue el irme a estudiar a Estados Unidos. No tuve una experiencia reveladora como Pablo el perseguidor de cristianos cuando se cayó del caballo.

Fue difusión y ósmosis. Fue la vez que, recién llegado de Puerto Rico, hice mi primera compra en un supermercado. Pagué con cheques de viajero de American Express, “as good as money”. La cajera me envió a ver al gerente para la aprobación de rutina. Al ver mi identificación, licencia de conducir de Puerto Rico, me dijo que no podía aceptarla. Le custioné, le dí un mini curso de relaciones políticas entre los dos países, y de Finanzas 101 (eran cheques de American Express, por el amor de Dios) y no se inmutó. Regresé a la cajera y le dije que guardara la compra porque no me la podía llevar. Ella no lo podía creer lo que me hizo pensar que no todos los americanos eran tan malos como el gerente infernal aquel. Días después fui a la estación de correo a cambiar un giro postal que me habían enviado. El cajero cartero no me lo quiso cambiar porque era de Puerto Rico. Le expliqué que no, que era de ellos, del Servicio Postal de Estados Unidos, porque ni eso podemos tener en nuestro país. Se negó a cambiarlo.

Fue también la vez que para abrir una cuenta de banco me pidieron la tarjeta verde. Le expliqué que los americanos nos habían hecho ciudadanos americanos. Yo había nacido en New Jersey pero nunca me acordaba de esto e insistía que todos los nacidos en Puerto Rico éramos ciudadanos de Estados Unidos. Fue la noche que fui con una amiga a una especie de café teatro puertorriqueño en El Barrio. De pronto hizo su entrada Juan Antonio Corretjer. Lo invitaron a la tarima y en medio del discurso le pasaron un papelito. Entonces anunció emocionado que el Ejército Popular Boricua, Los Macheteros, lo acababan de nombrar Comandante. La lotería de la historia hizo que me pegara aquella noche pues terminado su discurso se sentó en mi mesa y tuve la oportunidad de intercambiar algunas palabras con él.

Fue el día que el profesor de un curso graduado de Hematología nos entregó las notas. Casi todo el mundo había fracasado y sólo había tres calificaciones de A. Las habíamos sacado los tres puertorriqueños del grupo. O fue cuando le entregaron al Dr. Paul Margolin (QEPD), quien era mi mentor de tesis, mi calificación en el examen escrito doctoral. Yo no estaba presente pero Walid Samarrai, mi amigo iraquí, estaba y vio cuando el otro profesor le dijo al Dr. Margolin “seems like he passed” (parece que lo aprobó), le tiró mi examen sobre el escritorio y se fue. El “seems like he passed’ fue que me enteré a los pocos días que había sacado la calificación más alta de todo el sistema de City University of New York ese año. Lo que me salvó fue que no se ponía el nombre sino un apodo de tal manera que los que lo corregían no sabían que aquél era mi examen y presumieron que era uno de los de ellos.

La gran mayoría de los puertorriqueños en esta isla no entiende el nivel de discriminación a los que son sometidos los boricuas en Estados Unidos. Y no importa si eres blanco y rubio. Irónicamente ellos tienen muy claro algo que en Puerto Rico no se entiende. Somos gente diferente no por el color de la piel sino por la envidiable carga histórica que nos otorga el ser una nación. Y es cuando reconoces eso que el vendaje se cae. La costra se despega. Entonces recibes el bautismo nacional que se manifiesta no en lenguas extrañas sino en una fuerza y un orgullo que se te mete por los pies, te pasa por el corazón y retumba en la cabeza como una bomba. Y al ritmo de tambores africanos mezclados con ritmos ibéricos y alabanzas taínas a Yuquiyú levantas lentamente la mirada, posas los ojos en las pupilas del colonizador y le preguntas: “¿Qué es lo que te pasa a ti”?

© Edwin Vázquez de Jesús
Universidad de Puerto Rico en Cayey

lunes, 29 de enero de 2007

El Ataque Nacionalista a La Fortaleza

Libro recomendado

Pedro Aponte Vázquez, El ataque Nacionalista a La Fortaleza. San Juan: Publicaciones RENÉ, 2007. (Edición aumentada, 6" X 9", 174 páginas).

El 30 de octubre de 1950, cinco miembros del Partido Nacionalista de Puerto Rico-Movimiento Libertador, asaltaron La Fortaleza, residencia oficial del gobernador de Puerto Rico. Estos fueron Manuel Torres Medina, Roberto Acevedo Quiñones, Domingo Hiraldo Resto, Gregorio Hernández Rivera y el comandante, Raimundo Díaz Pacheco. Este libro es un relato de importantes sucesos acaecidos antes, durante y después de ese ataque el cual tuvo lugar como parte de la rebelión armada contra el dominio de Puerto Rico por el gobierno de Estados Unidos, iniciado como consecuencia directa de la guerra cubano-hispano-americana de 1898.

El relato incluye testimonios de dos Nacionalistas sobrevivientes de los sucesos de ese día en San Juan, capital de Puerto Rico, complementados con comentarios y datos adicionales del autor en notas al pie de página y alrededor de 50 gráficas. Alude, además, a las circunstancias en las que la Policía le dio muerte a Domingo Hiraldo cuando éste ya estaba fuera de combate.

Baje la edición digital del libro, la única disponible, de www.lulu.com/albizu al irrisorio precio de $6.25 y verá cómo murió el patriota Domingo Hiraldo en el zaguán de La Fortaleza. Luego, no sea egoísta y avíseles a sus contactos.

miércoles, 22 de noviembre de 2006

Libro Digital Sobre Don Pedro Albizu Campos

Una edición especial del libro Albizu: su persecución por el FBI, está disponible POR TAN SOLO UN DÓLAR por medio de descarga de la internet, según informó su autor, Pedro Aponte Vázquez.

El libro, de 300 páginas y 49 gráficas, es una edición aumentada y revisada y está dedicado al líder Machetero Filiberto Ojeda Ríos. El mismo consiste en una amena descripción del contenido de 20 carpetas del expediente del FBI sobre sobre su sistemática vigilancia del presidente del Partido Nacionalista Pedro Albizu Campos, copia del cual Aponte Vázquez recibió del FBI en el año de 1990. La obra se nutre,además, de documentos que el autor obtuvo del gobierno de Puerto Rico en 1989 luego de demandar al departamento de justicia, y de datos adicionales que ha acumulado de otras fuentes primarias a lo largo de más de 20 años.


“Aunque se cobra un dólar para fines de estadísticas, el libro es un valioso regalo para el pueblo de Puerto Rico que será útil para estudiantes en general, para estudiosos de nuestra historia en particular, para aquellos periodistas que en ocasiones cubren asuntos relacionados con la historia política de Puerto Rico, y para no pocos políticos” dijo Aponte Vázquez, autor de varios libros y numerosos artículos sobre la vida y la muerte del líder Nacionalista.

Las personas interesadas pueden bajarlo a su computadora en http://www.lulu.com/albizu



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miércoles, 4 de octubre de 2006

El Terrorismo de Luis Fraticelli

"Muchos piensan que Puerto Rico está alejado del terrorismo. Desde 1931, Puerto Rico y Estados Unidos ha sido afectado, a veces con consecuencias mortales, por organizaciones terroristas que abogan por la completa independencia de Estados Unidos por medios violentos”.

Lo anterior lo dijo Luis Fraticelli, director del FBI en Puerto Rico. Añadió que se horroriza cuando tratan a Lolita Lebrón y a Cancel Miranda como héroes.

No es coincidencia que Fraticelli use el 1931 como el punto de partida de su llamado terrorismo. Fue en ese año que el Dr. Cornelius P. Rhoads comenzó a inyectarle células cancerosas a pacientes del hospital Ashford. Fue en ese año que escribió su famosa carta donde habla de los puertorriqueños como la raza más sucia y degenerada que habita el planeta. Fue Cornelius Rhoads quien luego fundó el Sloan Kettering Memorial Hospital en Nueva York donde usaron isótopos radioactivos en mujeres embarazadas y virus patogénicos en algunos pacientes. Verdadero terrorismo.

En el 2002 comencé una campaña para que la

American Association for Cancer Research eliminara el Premio Cornelius Rhoads que había estado confiriendo por 20 años a jóvenes investigadores del cáncer. A mi campaña se sumaron destacadas figuras políticas, artísticas y científicas. En abril del 2003 recibí la llamada de la Dra. Margaret Foti, CEO de la entidad en aquel entonces, anunciándome que el premio sería retirado por siempre. La revista Science hizo un breve recuento de esta lucha (Revisiting a 1930s Scandal, AACR to Rename a Prize, Science 25 April 2003 300: 573-574 ) donde también destacó las investigaciones de toda una vida de Don Pedro Aponte Vázquez sobre los experimentos de Rhoads en el Ashford y su rol en la muerte de Don Pedro Albizu Campos por irradiación.

El 1931 no fue el año en que comenzó el terrorismo en Puerto Rico por parte de las autoridades del gobierno norteamericano pero es un buen punto de partida. En los años sesenta se usaron a nuestras mujeres como conejillas de indias para probar las pastillas anticonceptivas. Algunas murieron. Para ese tiempo El Yunque fue irradiado para probar el agente naranja que sería usado contra los vietnamitas. Para ese tiempo y hasta finales de los 90s se usaron carcinógenos sobre la población de Vieques. Para ese tiempo irraidiaron con iodo radioactivo a pacientes en el antiguo hospital de veteranos. Para ese tiempo se robaron cadáveres o partes de estos de la antugua Escuela de Medicina Tropical y enviados a los Estados Unidos, como reseñé en la revista Domingo de El Nuevo Día (13 de abril de 2003).

La lista de los actos terroristas en Puerto Rico es mucho más larga. Y Fraticelli lo sabe. El último gran acto terrorista fue coordinado por él. El asesinato a sangre fría de Filiberto Ojeda Ríos.

1931. Todo comenzó con una carta de Cornelius P. Rhoads donde escribía, entre otras cosas:

"Los puertorriqueños son sin duda la raza de hombres más sucia, haragana, degenerada y ladrona que haya habitado este planeta. Uno se enferma de tener que habitar la misma isla que ellos. Son peores que los italianos. Lo que la isla necesita no es trabajo de salud pública, sino una marejada o algo para exterminar totalmente a la población. Entonces pudiera ser habitable".
Gracias a Dios que los puertorriqueños hemos tenido a héroes como a Lolita Lebrón que se han mantenido firmes en la defensa de nuestra identidad nacional.