Los puertorriqueños no conocen su historia. Y no la conocen porque no se les ha enseñado. De hecho se les ha ocultado. Esta terrible conspiración para negarle a un pueblo el derecho de conocerse así mismo se debe a una complicidad del gobierno de Estados Unidos con el de Puerto Rico, desde el mismo momento de la invasión estadounidense en el 1898. La razón es obvia: la ignorancia mantiene a los pueblos sumisos y arrodillados. Es una venda que oculta todas las gestas históricas de nuestros hombres y mujeres que estuvieron dispuestos, y muchos así lo hicieron, a dar la vida por la libertad de Puerto Rico. Eso no nos lo enseñaron.
El principal instrumento que han usado para mantenernos en este oscurantismo histórico es el sistema de educación pública. Los jóvenes que se gradúan de cuarto año son prácticamente analfabetos de su historia. Por supuesto que el Departamento de Educación Pública, controlado por los partidos coloniales de turno, no harán nada para remediar esta situación. Pero lo que es dolorosamente bochornoso es que la Universidad de Puerto Rico (UPR) se haya prestado para este juego. Ha entregado así su verdadera razón de ser, que debe ser producir ciudadanos cultos, orgullosos de su nación y capaces de cuestionar todo lo que se les dice.
Esta denuncia no parte de un prejuicio o de una pataleta nacionalista. Soy parte de la Universidad, como estudiante que fui de ella y ahora como profesor. Hablo desde mi propia experiencia y someto la siguiente evidencia para sustentar mi acusación de complicidad. En Río Piedras, el recinto principal de la UPR, si usted aspira a convertirse en maestro de estudios sociales sólo se le requerirán seis miserables créditos de historia de Puerto Rico (HIST 3241 e HIST 3242) de un total de 127 créditos. Menos de un cinco por ciento. Por si fuera poco el agravio, a esos estudiantes se les exigirá precisamente el mismo número de créditos de historia de Estados Unidos (HIST 3111 e HIST 3112).
En el Departamento de Biología de la UPR en Cayey, donde enseño, y en los demás departamentos de ciencia, solo se les requiere a los estudiantes tres créditos de historia de Puerto Rico, un compendio ralo que es un insulto a la inteligencia y que no debería tener cabida en una institución superior de enseñanza. Los profesores que lo enseñan deberían negarse a hacerlo. Esta es la descripción según el catálogo de cursos de la institución:
HIST 3245. Compendio de Historia de Puerto Rico. 3 créditos. 3 horas. Este curso estudia el desarrollo histórico de Puerto Rico desde su descubrimiento hasta 1952.
El compendio ese es como una calzo que han metido en el currículo de la mayoría de los departamentos, una plasta académica pegada con saliva para engañar a los estudiantes, que de tanto abuso medíatico, donde les meten hasta por las narices que lo de afuera es mejor, no se dan cuenta de lo que está sucediendo. Porque para ellos también va la cosa. Que no les suban el crédito cinco dólares, que nos cierran la Universidad. Entonces se rasgan, ellos y muchos profesores, las vestiduras. Pero en el día a día son manipulados con un currículo diseñado para que no cuestionen, contrario a lo que dicen las misiones y metas de todos nuestros recintos, para que no se den cuenta de que están, como en la película homónima, atrapados en una matriz diseñada para perpetuar este sentido de inferioridad nuestra de cada día.
¿No es esto una afrenta nacional? ¿Acaso se puede cubrir la historia de Puerto Rico en un cursito, un compendio, que se reúne por tres horas a la semana durante un semestre? ¿Es que después del 1952 Puerto Rico dejó de tener historia? ¿Qué sucedió en esa fecha que, o nos quieren ocultar, o les causa bochorno discutirlo? ¿Qué pasa con los colegas profesores de este país que no han gritado, no han sufrido un patatús de indignación y en su lugar se han revolcado en la complacencia colonial? Y no es sólo en el Departamento de Biología. Ni sólo en Cayey o en Río Piedras. Es en todos los recintos, en todos los programas. Ídem en las universidades privadas. De hecho en algunos programas académicos no tiene que tomar nada de historia.
De ahí surgen los analfabetas culturales, gente agachada, que cree que el idioma inglés es superior al español, abochornados de lo nuestro, y que a lugares como la plaza de Guayama ahora le quieren llamar el "Downtown", y a la calle principal "Main Street". O como los de Guaynabo, donde tienen la "Guaynabo City Police".
En la Academia somos culpables también de que se nos esté cayendo el país encima. Sé que hay voces que claman en el desierto, hay luces en la oscuridad que iluminan nuestro entendimiento y nos señalan el camino, pero la mayoría es una masa silente que vive el día a día y calla en una conspiración de silencio cuyo único propósito es adormecer al puertorriqueño. Yo me cansé. Voy a gritar y empezaré con el grito obvio: ¡coño, despierta boricua!
Edwin Vázquez de JesúsDepartamento de Biología
Universidad de Puerto Rico en Cayey
