martes, 5 de septiembre de 2006

Capítulo 5: Esper Matos se enfrenta a un enemigo

Edwin Vázquez de Jesús
La Delirante Historia de Esper Matos
Capítulo 5: Esper Matos se enfrenta a un enemigo
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Cuando el óvulo salió de Ova Rico, su lugar de nacimiento, estaba rodeado por cientos de células más pequeñas que lo protegían como un ejército a su alrededor. Formaban una especie de corona que irradiaba del óvulo, una corona radiata, que le daba un aura indescriptible. La corona radiata rodeaba a su vez una capa de distintas moléculas que nutrían al óvulo, la llamada zona pelúcida. Esperanzo Matos sabía que tenía que penetrar ambas capas para llegar al óvulo, y sabía que millones de otros espermatozoides tenían la misma intención que él.

Esper guardaba con celo en su cabeza una bolsa llena de sustancias que ayudarían a degradar las capas que rodeaban al óvulo. Era su adorado acrosoma. Sabía que no poseía suficientes sustancias como para penetrar las barreras de defensa del óvulo pero si cada uno de los millones de espermatozoides que sobrevivieron la larga travesía aportaban su carga acrosomal, poco a poco penetrarían las barreras. Y entonces alguno de ellos se metería por el hueco formado para fecundar al óvulo.

Esper Matos había salido de su sopor y se sentía lleno de energía. Las mitocondrias concentradas en el cuello de su rabo le proveían la energía que necesitaba. Se sentía excitado, lleno de vida. Le parecía irónico que un orgasmo lo hubiera lanzado a la vagina bendita y que una excitación cuasi orgásmica le diera el ímpetu que necesitaba.

Esper nadó con fuerza. Recordó la meta. Se enfocó. Su objetivo estaba claro. Sólo dependía de él. Y nadó con tanta fuerza que otros espermatozoides comenzaron a seguirlo. Nadó con tanta furia que otros espermatozoides le comenzaron a gritar frases de aliento. Ahora tenía un ejército de seguidores que tenían como propósito que Esperanzo Matos fuera el espermatozoide agraciado que fecundaría al óvulo. Esper se sintió feliz. Tenía ganas de llorar de alegría. Se sentía el escogido. Hasta que escuchó los gritos de guerra.

Era Evaristo, el espermatozoide que había logrado formar otro ejército que lo seguía. Detrás de todo inepto hay alguien más inepto todavía. Esper sabía que el peligro mayor del universo era un inepto con poder.

Las fuerzas se habían alineado. Eran dos ejércitos espermatosianos. Uno seguía a Esperanzo Matos y el otro a Evaristo Naranjo, el de la boca grande. El acomplejado porque tenía un rabito chiquitito.

Los dos ejércitos se dirigieron al destino común. El óvulo se hacía grande con la cercanía. Esperanzo se llenó de esperanza. No sabía lo que Evaristo le tenía preparado. Eva, como le decían sus amigos, haría todo lo que fuera necesario para ser él el que fecundara al óvulo.

Ya habían llegado a la capa externa. La corona radiata era hermosa. Las células que la formaban miraban con recelo a los espermatozoides. A los dos ejércitos . Y entonces comenzó la guerra.

Aquél ejército de espermatozoides alrededor del óvulo era impresionante. Esper Matos apena alcanzaba a entender lo que decían sus compañeros porque todos hablaban excitados. Estaban trazando planes de ataque. Buscaban algún punto débil por dónde penetrar la corona radiata. Los espermatozoides se habían dividido en dos bandos. El que seguía a Esper estaba listo para la entrada. El otro, que seguía a Evaristo Naranjo, se tornaba violento. El que ganara determinaría si la nueva criatura sería niño o niña.

De pronto la orden de atacar. Millones de espermatozoides se lanzaron con fuerza sobre la corona radiata. Descargaban rabiosos las enzimas que llevaban en sus cabezas. Estas fueron separando poco a poco las células nodrizas y a abrir pequeños huecos por donde otros espermatozoides comenzaban a llegar a la zona pelúcida. Esper gritaba órdenes a diestra y siniestra. Evaristo hacía lo propio. Ambos esperaban que se formara un túnel que los llevara hasta la membrana celular del óvulo. Atacaban por todos lados.
Esper vio de pronto una vía. Se preparó para la entrada pero Evaristo, traicionero, ejecutó su plan siniestro. Miles de espermatozoides bajo su mando se lanzaron con fuerza sobre Esper y lo alejaron del túnel. Eva lanzó un grito de triunfo y nadó hacia el hueco. Atrás, quedaba Esperanzo Matos aturdido viendo con dolor cómo Evaristo Naranjo nadaba hacia la zona pelúcida. Al frente miles de espermatozoides le abrían paso. El cromosoma 23 de Esper era una X. Con la X del óvulo se formaría un par XX y se concebiría una niña. El que traía Evaristo era una Y, que con la X del óvulo formaría XY, un varón. Un varón estaba a punto de ser concebido. Continuará…

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