Me decía un amigo judío, hace mucho tiempo en Nueva York, que no es hasta que un pueblo comienza a hacer chistes sobre sí mismo que ha madurado como grupo social. Procedió entonces a hacerme un chiste judío basado en el proverbial sentido de culpa que las madres judías supuestamente le infligen a sus hijos.
Me pregunto si los puertorriqueños seríamos capaces de reírnos de nosotros mismos. ¿Estaremos tan agobiados por la crisis social nuestra de cada día que no nos atreveríamos a mirarnos en el espejo de nuestras propias burlas? Es difícil reir cuando nos enteramos de que un padre invitó a un vecino a violar a sus propios bebés, cuando vimos a un policía linchar a un ciudadano indefenso, cuando llega otro cadáver desde Irak.
En Puerto Rico abundan los chistes contra los dominicanos. No sé si allá los hay contra nosotros. ¿Por qué no? La verdad es que personalmente ya me cansan. Son los mismos chistes refritos que hacían en Estados Unidos los irlandeses contra los italianos y éstos contra los puertorriqueños. Y así sucesivamente con cada ola inmigratoria. Ayer vi un video que me llenó de envidia porque vi que los dominicanos son capaces de reírse de sí mismos. Han tomado muchos de los estereotipos que les adjudicamos, los han mezclado con una buena dosis de su propia realidad social y han creado una joya.
Les invito a entrar al Salón Belkys y a reirse, no de los dominicanos sino con los dominicanos. Y entre a la página web Salonbelkys.com y lea los comentarios que dejan ellos mismos con gran orgullo. Y si siente una leve punzada en el corazón no es un problema cardiaco. Se llama envidia.
La madre le regala dos camisas a su hijo. Una es amarilla y la otra es azul. El hijo va a su cuarto, se prueba la azul, y sale para que su madre lo vea. Ésta entonces le grita: ¿Qué? ¿No te gustó la amarilla? ¡So malagradecido!Es fácil hacer chistes de los demás porque así ocultamos nuestras propias imperfecciones. Un pueblo que se ríe de otro demuestra sus propias inseguridades y no se atreve a mirarse al espejo por miedo de ser aquello que le adjuduca a los demás. Pero un pueblo que hace de sus idiosincracias y de los estereotipos adjudicados por los demás una fuente de entretenimiento es un pueblo que sabe reír y que no tiene complejos.
Me pregunto si los puertorriqueños seríamos capaces de reírnos de nosotros mismos. ¿Estaremos tan agobiados por la crisis social nuestra de cada día que no nos atreveríamos a mirarnos en el espejo de nuestras propias burlas? Es difícil reir cuando nos enteramos de que un padre invitó a un vecino a violar a sus propios bebés, cuando vimos a un policía linchar a un ciudadano indefenso, cuando llega otro cadáver desde Irak.
En Puerto Rico abundan los chistes contra los dominicanos. No sé si allá los hay contra nosotros. ¿Por qué no? La verdad es que personalmente ya me cansan. Son los mismos chistes refritos que hacían en Estados Unidos los irlandeses contra los italianos y éstos contra los puertorriqueños. Y así sucesivamente con cada ola inmigratoria. Ayer vi un video que me llenó de envidia porque vi que los dominicanos son capaces de reírse de sí mismos. Han tomado muchos de los estereotipos que les adjudicamos, los han mezclado con una buena dosis de su propia realidad social y han creado una joya.
Les invito a entrar al Salón Belkys y a reirse, no de los dominicanos sino con los dominicanos. Y entre a la página web Salonbelkys.com y lea los comentarios que dejan ellos mismos con gran orgullo. Y si siente una leve punzada en el corazón no es un problema cardiaco. Se llama envidia.