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miércoles, 7 de enero de 2009

El Nuevo Día Sigue Con Sus Disparates Decimales

El Nuevo Día (END) sigue con su función antisocial de confundir a sus lectores, promover su agenda política, asesinar el castellano y repartir errores conceptuales a diestra y siniestra.  Presumo que parte de esto se debe a lo poca preparación académica de algunos de sus reporteros y/o editores.

alcohol END

Hoy me sorprendo con la noticia de que un conductor arrojó un contenido 0.8% de alcohol en su sangre (END escribe .8, cosa que no se recomienda pues el cero a la izquierda, que es lo que es ese periódico, alerta al lector de que le sigue un punto).  Cito del periódico:

A Flores Quiles se le practicó la prueba de alcohol en el organismo y arrojó .8%, el límite permitido por ley, agregó la Uniformada.

Para poner las cosas en perspectiva ante tamaño disparate compartiré la siguiente información que he tomado de Wikipedia (excepto la última fila):

Concentración de alcohol en la sangre Algunos efectos en la persona
0.01–0.029 Apariencia normal.
0.03–0.059 Euforia leve, relajación.
0.06–0.10 Desinhibición, reflejos se afectan.
0.11–0.20 Cambios súbitos en las emociones, habla se afecta, pérdida del control de movimientos.
0.21–0.29 Pérdida de la conciencia, incapacidad para entender las cosas.
0.30–0.39 Depresión severa, inconciencia, se afecta el corazón, pérdida del control urinario, posible muerte.
>0.40 inconciencia, MUERTE.
0.8, como dice El Nuevo Día Que le echen hielo y alguien se lo beba.

 

Según las leyes de tránsito es ilegal manejar con un contenido de alcohol de 0.08% ó más.  0.8%, que es lo que alega END que tenía la persona, es DIEZ VECES más que 0.08.  Esa es una de las maravillas del sistema decimal; es fácil de entender.  Obviamente, si la persona aún estaba viva con 0.8% (una imposibilidad fisiológica), habría sido atracado por algún vampiro alcohólico.

viernes, 9 de febrero de 2007

Una Oración Mal Construída

La reportera Frances Rosario de El Nuevo Día (email end.frosario1@elnuevodia.com) comenzó un artículo periodístico de la siguiente manera:

A la decisión de los alcaldes fortuñistas de no acudir a la Junta Estatal del Partido Nuevo Progresista (PNP) citada para mañana sábado, se unió ayer el llamado de un grupo de ex secretarios de la colectividad para que los miembros del organismo rector se ausenten.

Los reporteros tienen una responsabilidad vicaria sobre la enseñanza del español, tanto hablado como escrito. La oración citada es un claro ejemplo de una mogolla sintáctica. Malo, malo, malo.

sábado, 19 de agosto de 2006

Este País Está Mejor de lo Que Pensamos

Cometí el error usual de encender el televisor y ver las noticias locales. Habían comenzado las clases y los periodistas habían vuelto a su ritual anual. Buscaron dos o tres escuelas fuera de condiciones y formaron todo un argumento sobre cómo el Departamento de Educación no estaba preparado para el inicio del semestre. Que si faltaba pintura, baños dañados, escuelas con basura. Todos los años la misma cantaleta. Claro que todas las escuelas reseñadas eran del Área Metropolitana de San Juan porque los reporteritos no tienen tiempo de desplazarse más allá de un radio de par de millas de la estación.

Hoy participé de una actividad con unos cincuenta maestros de las regiones educativas de Caguas y de Ponce. Había varios directores presentes. Estamos estableciendo lazos de cooperación entre ellos y la universidad. Como pares. Como colegas. Todos tenemos el mismo propósito. Mejorar la enseñanza de ciencias y matemáticas en Puerto Rico. Nos hablaron de sus problemas. Nos hablaron de sus preocupaciones. Nos hablaron de sus retos. Pero lo que permeó fue un positivismo contagioso. Una pasión por la enseñanza. Un compromiso irreductible. Entonces pensé que los reporteritos no lo son. Son reporteros los que reportan la realidad del país. Hay problemas, eso está claro. Pero hay soluciones. Hay miles de cosas trascendentales sucediendo todos los días. Que hay dos o tres escuelas con problemas no es un secreto. Que tampoco son dos o tres sino muchas más. Lo que sucede es que para los reporteritos no es materia de primera plana que María, la de los padres divorciados y que vive en la pobreza extrema, lleva años sobresaliendo en la escuela. Ni que Juanito, en un ambiente donde permea la droga y la violencia, ha decidido en la oscuridad de su cuarto que él saldrá de allí hecho un profesional. Ni que la maestra Marta, en algún rincón de la nación, gasta de su dinero para comprar los materiales pedagógicos que por las razones que sean no llegan a su escuela.

Los maestros hablaron entusiasmados de lo que sucede en sus escuelas. Pero más que sus palabras me impactó su energía. La seguridad que destilaban de que lograrían sus propósitos. Entonces me llegó la oración completa y redonda. Nos gusta flagelarnos y criticarnos, resaltar todo lo negativo pero no cabe la menor duda, no importa lo que digan los reporteros. Este país está mejor de lo que pensamos.