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sábado, 7 de junio de 2008

El Vino Tinto Aumenta la Longevidad

Ya había escrito aquí acerca de los efectos positivos del vino tinto sobre la salud. Ahora se le añade un efecto sobre la longevidad. Específicamente se ha vinculado a un ingrediendiente en el vino llamado resveratrol con un aumento en la longevidad de ratones experimentales. El tema resurge ante evidencia adicional sobre los efectos beneficiosos de este ingrediente, y el de otros contenidos en el vino que aún no han sido debidamente estudiados.

Hay que señalar que un factor definitivo en la longevidad, aparte del resveratrol, es la restricción calórica. Lo que esto significa es que si usted reduce el consumo de calorías al mínimo necesario le añadirá años a su vida. Y esto no sólo porque reducirá la incidencia de enfermedades relacionadas con el sobrepeso y la obesidad sino porque el cuerpo tiene programado un sistema de supervivencia que hace que si usted consume pocas calorías se activen mecanismos fisiológicos que propenden a la longevidad.

Toda esta información me llega en un momento muy oportuno. Ya mandé a comprar mis zapatillas de correr (llegan la semana que viene), y hoy voy para una fiesta con vino tinto (por supuesto).

Lea mi otro artículo sobre el tema AQUÍ.

jueves, 15 de febrero de 2007

Un Rioja 1995 Gran Reserva

Como en un reality show...he encontrado una botella de Rioja 1995, año glorioso. Donde la encontré quedan como diez más. Si me gusta esta me las llevo todas. Un tesoro. En el 1995 Dios, aburrido de mirar a todos lados, se fijó en Rioja y le sonrió. Los caldos que salieron estaban destinados a los dioses. Y algunos mortales los disfrutamos. Quedan algunos por ahí pero a precios obscenos. He encontrado esta botella a un precio cómodo. Estoy por abrirla y llorar de alegría o de rabia. Si se dañó probaré vino agrio (vinagre). Si añejó como sospecho libaré como un picaflor a la primera flor de primavera. No sé nada sobre la marca. Dice Faustino I. Es un Gran Reserva, por si acaso. Cuando lo sirva el color será la primera señal. De los ojos a los labios. Así son los grandes vinos. Les informaré.



viernes, 20 de octubre de 2006

El vino tinto es bueno para el cerebro

La molécula se llama resveratrol. Se encuentra en las semillas y la cáscara de las uvas rojas. Tiene el efecto de aumentar en el cerebro la producción de otra sustancia que protege a las células nerviosas del daño causado por sustancias oxidantes. El estudio que reveló este resultado fue llevado a cabo por científicos de la Universidad de Johns Hopkins. Estudios en ratas señalan que si los humanos que consuman en promedio dos copas de vino tinto al día se les reducirá la posibilidad de sufrir un derrame cerebral entre un 30 a un 40% comparado con aquellos que no toman esta bebida. Este descubrimiento le añade a las propiedades preventivas del vino tinta por la gran cantidad de moléculas antioxidantes que posee.
La importancia de los antioxidantes radica en que durante el metabolismo natural de las células se producen sustancias dañinas, los oxidantes, que pueden dañar a éstas.

El vino tinto, por tanto, nos puede salvar la vida. Esto demuestra que Cristo escogió la bebida correcta para compararla con su sangre.


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domingo, 30 de julio de 2006

El buen vino de Caná

Edwin Vázquez de Jesús
Me gusta el buen vino. Lo prefiero tinto porque está más cerca de la uva ya que contiene, a diferencia del blanco, ingredientes de la cáscara que le dan su color. Éste se debe a pigmentos llamados taninos que tienen a su vez propiedades antioxidantes. Cuando las células de nuestro cuerpo llevan a cabo sus reacciones químicas, lo que llamamos metabolismo, se producen a veces compuestos dañinos que, aunque en cantidades casi insignificantes, pueden causarnos daño a largo plazo. Los antioxidantes son sustancias que eliminan estos tóxicos, llamados radicales libres, del cuerpo. Los aromas del vino, el bouquet, se deben a moléculas aromáticas porque le dan el olor característico. El color se debe a la concentración particular de los distintos componentes y pueden usarse como indicador de la calidad del caldo.

He tomado vinos excelentes, buenos y malos. Yo he retenido el privilegio de decidir cuál es cual y no me dejo llevar por lo que cualquier supuesto experto me diga. El mejor vino es el que más me guste. Pero hay excepciones. Algunos vinos son tan buenos que no se dejan a interpretación. Se acomodan sus moléculas en las papilas gustativas de la lengua, sus aromas activan las neuronas sensoriales en el techo de la nariz, y uno da gracias a los dioses de turno por el privilegio de vivir.Mis preferidos son los españoles. Los de la Rioja y los Ribera del Duero en particular. Los ríos y sus riberas. El primero en la región del río Oja y el segundo en la del Duero. No son los únicos, por supuesto. De España ahora nos llegan de Cataluña, de La Mancha y de Castilla, entre otros. Mi preferencia puede deberse a la uva tempranillo, que tanto se usa en los vinos españoles, y también la garnacha.

Chile tiene también vinos excelentes, tan buenos como los californianos. Los últimos ya le hacen una fuerte competencia a los franceses, demasiadas veces sobre estimados. Los chilenos se distinguen por sus cabernets sauvignon, sus merlots y por ser el único lugar donde se producen vinos con la uva carmenere, que se creía extinta. Australia se distingue por sus siraz. Y podría seguir con Italia, África del Sur, Argentina, Oregón y otros sitios bendecidos por las condiciones climáticas que propenden a uvas sin mucha agua y con una alta concentración de azúcar que será fermentada por las levaduras para darnos unos de los mejores inventos del ser humano.

Tanto es así que cuando Cristo sirvió su última cena sirvió vino tinto.No sé cuán bueno era el vino de Cristo pero si yo me declarara divino y preparara un último festín serviría un caldo extraordinario. Beber de aquel vino en la última cena tiene que haber sido un privilegio que seguramente la mayoría de los doce discípulos, los más tarados y de poca educación, no apreciaron debidamente. Me imagino a Pedro mandándose la copa completa de un sorbo y limpiándose con las manos sucias la barba mojada de tinto. No tengo dudas de que era un vino exquisito porque, según la Biblia Cristo sabía de vinos. Lo sabemos porque una vez recibió un RSVP para que fuera a una boda en el Líbano y allí hizo el milagro del vino. Por lo menos eso nos cuentan sus discípulos después de su muerte.Nos relatan que Cristo llegó a Caná, fue a la boda y aparentemente aquella fiesta estaba a todo dar. No sé si pasó como en Puerto Rico, que invitas a cinco y se aparecen diez, pero el asunto es que el vino se acabó antes de tiempo. Cristo pidió que le trajeran agua.

Me imagino a alguien trayéndole un vasito y él que no, que seis tarros grandes. Pasaría sus manos sobre el envase lleno de agua, diría algún mantra y el líquido transparente se tornó rojo, como la sangre que más tarde derramaría en Jerusalem. Al parecer en Caná había buenos catadores de vino porque tan pronto lo probaron se preguntaron que porqué el anfitrión dejó el mejor vino para el final y sirvió el malo al principio. Lo que decían es que una vez uno está borracho no se da cuenta de lo que está tomando. Podría ser gasolina con ron y todo sabe igual.No sé si en Caná se sigue bebiendo buen vino. Sin embargo sé que el Líbano es uno de los países más cultos del Oriente Medio. Es también uno de los más abiertos culturalmente. Aunque pasó por una terrible guerra civil que terminó en 1990 se ha recuperado de esa pesadilla y vuelven a convivir allí cristianos y musulmanes.

Este verano prometía ser uno de los mejores en mucho tiempo. Antes de que las bombas de Israel comenzaran a caer por todo el Líbano se habían planificado decenas de conciertos, festivales, estrenos de películas y obras de teatro, entre otras. Se iban a celebrar los cincuenta años del Festival Internacional de Baalbeck, entre las ruinas romanas del valle Bekaa. El festival Liban Jazz de septiembre será seguramente cancelado. Se suspendió la obra “Monólogos de la Vagina”, que había sido un éxito rotundo. Pero más allá de las actividades cotidianas de un verano feliz las bombas de Israel convirtieron las noches del Líbano en verdaderas noches estrelladas, dignas de un Van Gogh.Mientras me tomo una copita de Rioja del 2001 no puedo dejar de pensar en la boda aquella. La de Caná en el Líbano. Eran mejores tiempos. Miro el tinto y me da angustia. Hace dos mil años dos familias se reunieron a celebrar. Nadie sabe sus apellidos. Hace unos días dos familias se reunieron en otra casa. No celebraban. Le huían a las bombas. Sus apellidos son Shalhoub y Hashim.

Hace dos mil años un judío hizo vino. Hace unos días otros judíos derramaron sangre en Caná cuando mataron a unos cuarenta niños de un bombazo en esa casa.Me imagino caminar por las calles del pueblo y escuchar las risas de la fiesta, el baile alegre, el buen tinto fluyendo de un barril que antes tenía agua. La novia y el novio felices. Pedro limpiándose la barba del tinto. Las bombas y los llantos de los niños aterrorizados al escuchar el retumbar de las paredes cuando golpeó la bomba. Y las madres gritando. En la mente se mezcla todo. Los dos mil años forman un círculo y el pasado se anuda con el presente. Fiesta y muerte en una misma imagen. Risas y llantos confundidos. Vino y sangre saliendo del mismo barril.


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