Estoy en el aeropuerto Lindbergh en San Diego a punto de abordar un largo vuelo que nos llevará a JFK en Nueva York y de ahí a San Juan. La isla nos llama. Ayer fui al zoológico de San Diego, el más grande del mundo, y me alegra informar que contrario a todos mis temores, no me dejaron encerrado con los gorilas. Admito que reconocí entre ellos a par de tíos, primos y amigos. Nos saludamos efusivamente dándonos golpes en el pecho y emitiendo sonidos guturales. De hecho aquí les incluyo la foto de un simio que juraría era mi otro yo.
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jueves, 14 de diciembre de 2006
La ruta a San Diego 7: De regreso
Estoy en el aeropuerto Lindbergh en San Diego a punto de abordar un largo vuelo que nos llevará a JFK en Nueva York y de ahí a San Juan. La isla nos llama. Ayer fui al zoológico de San Diego, el más grande del mundo, y me alegra informar que contrario a todos mis temores, no me dejaron encerrado con los gorilas. Admito que reconocí entre ellos a par de tíos, primos y amigos. Nos saludamos efusivamente dándonos golpes en el pecho y emitiendo sonidos guturales. De hecho aquí les incluyo la foto de un simio que juraría era mi otro yo.martes, 12 de diciembre de 2006
La Ruta a San Diego 6: Tijuana II

Cruzamos la frontera y estábamos casi en plena ciudad. Tijuana es un lugar cosmopolita de 1.5 millones de habitantes. Tan pronto llegamos comenzaron las ofertas de vendedores ambulantes y en kioskos que vendían baratijas, artículos de cuero, prendas, imitaciones de Rolex y de gafas Ray Ban. Nos dirigimos al centro del pueblo, a diez minutos, y nos sorprendió la exagerada cantidad de farmacias que había, una al lado de la otra. La razón es que cientos de personas cruzan la frontera para comprar medicamentos sin necesidad de receta y a mejores precios.
Caminar por la principal vía comercial puede convertirse en un evento de supervivencia tratando de esquivar a los vendedores que salen de las tiendas y si que si los dejas te agarran y te meten a la tienda. Los precios son definitivamente buenísimos, comparados con los Estados Unidos.
Para almorzar nos fuimos a un restaurán recomendado por Ramón, nuestro nuevo amigo mexicano que en una tienda nos cantó "En Mi Viejo San Juan". La comida era muy buena, distinta a la porquería que nos sirvieron en "Alambres" en San Diego. El total del almuerzo para los tres, incluyendo bebidas fue de unos $40.00. Un mariachi nos cantó por unos cuantos dólares. La pasamos muy bien.
No estuvimos mucho tiempo ya que teníamos que montar el afiche que presentaríamos al otro día. Un colega boricua nos había dicho que la salida en la frontera tomaría unos 15 minutos. Cuando llegamos la fila era kilométrica. Estimamos que nos tomaría más de una hora en cruzar. Por suerte un mexicano nos gritó que por 5 dólares nos pasaba al frente en una guagua. Efectivamente este es un negocio redondo. Esta gente te monta en una guagua, de las pequeñas de pasajeros (tipo "van") y por un recorrido de unos metros te sueltan en la entrada del control de frontera. Allí enseñamos el pasaporte, nos preguntaron qué llevábamos en las bolsas de compra y ya.La Ruta a San Diego 5: Tijuana
Después de dos días intensos de conferencias y talleres sobre biología celular y educación, decidimos coger un respiro. Ya nos habían dicho que Tijuana, en México, quedaba muy cerca de San Diego. Varias veces hablamos sobre la posibilidad de escaparnos e ir pero los prejuicios sembrados por los norteamericanos nos impedían tomar una decisión. La criminalidad, el tráfico de drogas, los asesinatos. En fin, que en nuestras mentes Tijuana era un antro de perdición con calles de fango y gangas de ladrones listos para robarnos o secuestrarnos.
Tomamos el tren que nos llevaría hasta San Ysidro, en el mismo sur de California, y donde estaba el cruce de frontera. Quedaba a 20 minutos, en tren, desde el hotel donde nos quedábamos. Subimos una rampa que nos llevaría a un puente peatonal. Debajo veíamos cómo los vehículos entraban sin dificultad a México pero también la gran congestión vehicular de los que trataban de entrar a los Estados Unidos.
Tan pronto subí la rampa hacia el puente elevado fronterizo mi celular sonó. Era un mensaje de texto de mi proveedor de telefonía celular (i.e. Sprint; el de un colega con servicio de Verizon recibió un mensaje similar) explicando cómo marcar número desde México. ¿Cómo rayos saben que estoy cruzando la frontera?
Al final del puente cruzamos el portón que nos ubicaría fuera de la nación norteamericana. Lo cruzamos, llegamos a México y entonces…
Tags: TIJUANA MEXICO
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Tomamos el tren que nos llevaría hasta San Ysidro, en el mismo sur de California, y donde estaba el cruce de frontera. Quedaba a 20 minutos, en tren, desde el hotel donde nos quedábamos. Subimos una rampa que nos llevaría a un puente peatonal. Debajo veíamos cómo los vehículos entraban sin dificultad a México pero también la gran congestión vehicular de los que trataban de entrar a los Estados Unidos.Tan pronto subí la rampa hacia el puente elevado fronterizo mi celular sonó. Era un mensaje de texto de mi proveedor de telefonía celular (i.e. Sprint; el de un colega con servicio de Verizon recibió un mensaje similar) explicando cómo marcar número desde México. ¿Cómo rayos saben que estoy cruzando la frontera?
Al final del puente cruzamos el portón que nos ubicaría fuera de la nación norteamericana. Lo cruzamos, llegamos a México y entonces…
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sábado, 9 de diciembre de 2006
La Ruta a San Diego 4
Tan pronto salimos del aeropuerto y mientras esperábamos el autobús que nos llevaría al hotel nos dimos cuenta de que habíamos perdido el afiche que presentaríamos en la convención. Uno de mis colegas se ofreció a regresar y buscarlo. Tuvo que pasar por todo los controles de seguridad y nos cuenta que casi le hacen un examen de la próstata. Por suerte encontró el tubo de cartón con el preciado documento.El hotel queda frente a la Bahía de San Diego y tiene una vista espectacular de ésta. Por la noche salimos a cenar al "donwtown". El concierge del hotel nos había recomendado un restaurante italiano en particular. Dijo que entre los 90 y pico de restaurantes concentrados en unos diez bloques ese era el mejor. Caminamos al lugar, vimos la oferta culinaria y, quizás por estar al lado de México me antojé por comer en Alambres, un restaurant mexicano. El nombre no podía ser más apropiado pues la comida sabía a alambre de púas.
Pedí una margarita que, por más que les expliqué cómo la quería (pequeña y clásica), me la dañaron al traerme un copón gigantezco con una cosa verde parecida a las iguanas que sirven en Chili's. El queso fundido sabía a alambre fundido. A los champiñones les llamaban honguitos y eran enlatados. No tenía rajitas de jalapeño. Añoré Rancho Taxco, en Cupey, mi restaurante mexicano favorito. Cuando vuelva allá abrazaré a Romero, su dueño. En cuanto a Alambres les sugerí un motto: "Alambres, donde entras vacío y sales con hambre".Fue dinero perdido en un paraíso calinario.
viernes, 8 de diciembre de 2006
La Ruta a San Diego 3
Llegamos al aeropuerto Dallas/Fort Worth sin mayores complicaciones. El trato de las azafatas, norteamericanas todas, fue frío y algo descortés. Por supuesto ya no sirven comidas como antes. O sea, no las sirven de gratis. Por cinco dólares le venden una cajita con galletitas de queso en forma de pececitos, nueces, pasas y dos o o tres porquerías. Por supuesto no las compramos y sacamos los maravillosos emparedados que habíamos comprado en el aeropuerto, previendo esta situación.
Por error habíamos estimado que tendríamos dos horas de espera en el aeropuerto de Dallas antes de abordar el vuelo que nos llevaría a San Diego. Al cotejar nuevamente nos dimos cuenta de que sólo contábamos con 35 minutos por lo que nos dirigimos a prisa al terminal correspondiente. Esta vez no nos dio tiempo de comprar nada para comer en el avión. El vuelo era de unas tres horas. Entre la hora de San Juan, la de Dallas y la de San Diego, todas distintas, estábamos algo confundidos. Mi mente computaba en tiempo caribeño, el celular que se autoajusta por alguna cosa de GPS me mostraba la hora de Dallas y el boleto me mostraba la hora de llegada a San Diego en tiempo californiano.
Abordamos el avión de turbinas y en menos de 30 minutos estábamos haciendo lo que nos juramos nunca hacer. Compramos una de las cajitas de comida excepto que acá nos cobraban cuatro dólares. Un dólar más baratas. No sólo eso sino que las azafatas eran claramente mucho más corteses, amigables y habladoras. Obviamente no estábamos en un vuelo desde/hacia Puerto Rico. Les incluyo una foto de la caja de alimentos, algo destrozada ya.

De beber pedimos lo siguiente (adivinen cuál fue la mía).



Por error habíamos estimado que tendríamos dos horas de espera en el aeropuerto de Dallas antes de abordar el vuelo que nos llevaría a San Diego. Al cotejar nuevamente nos dimos cuenta de que sólo contábamos con 35 minutos por lo que nos dirigimos a prisa al terminal correspondiente. Esta vez no nos dio tiempo de comprar nada para comer en el avión. El vuelo era de unas tres horas. Entre la hora de San Juan, la de Dallas y la de San Diego, todas distintas, estábamos algo confundidos. Mi mente computaba en tiempo caribeño, el celular que se autoajusta por alguna cosa de GPS me mostraba la hora de Dallas y el boleto me mostraba la hora de llegada a San Diego en tiempo californiano.
Abordamos el avión de turbinas y en menos de 30 minutos estábamos haciendo lo que nos juramos nunca hacer. Compramos una de las cajitas de comida excepto que acá nos cobraban cuatro dólares. Un dólar más baratas. No sólo eso sino que las azafatas eran claramente mucho más corteses, amigables y habladoras. Obviamente no estábamos en un vuelo desde/hacia Puerto Rico. Les incluyo una foto de la caja de alimentos, algo destrozada ya.

De beber pedimos lo siguiente (adivinen cuál fue la mía).



La Ruta a San Diego 2
Estoy en el avión reflexionando sobre la futilidad de las medidas antiterroristas de la administración Bush y lo que significará el próximo golpe que sufra Estados Unidos a manos de Al Qaeda o de los múltiples grupos que se han creado a raíz de la invasión norteamericana a Irak. Ese país se ha convertido en un caldo de cultivo de terroristas potenciales, un laboratorio extraordinario para probar nuevas tácticas de terror, un terreno fértil donde del odio y el deseo de venganza germinará más odio y venganza.
Sigo pensando en la ineptitud del gobierno de Bush y en cuán fácil se le haría a cualquiera con un módico de inteligencia causar daño significativo. Estoy sobre algún lugar del Atlántico rumbo al norte y decido ir al baño. Allí veo en letras claras algo que había mirado antes pero no le había prestado atención: una invitación al desastre aéreo para cualquier terrorista que sepa que no debe subir cremas o desodorantes al avión. Por supuesto le saqué una foto:

En letras claras decía que tirar por el inodoro cualquier cosa que no sea papel higiénico puede causar derrames externos y crear un peligro de seguridad. Ahí estaba en letras grandes y mayúsculas: instrucciones de cómo dañar el avión. Esto no pinta bien.
Sigo pensando en la ineptitud del gobierno de Bush y en cuán fácil se le haría a cualquiera con un módico de inteligencia causar daño significativo. Estoy sobre algún lugar del Atlántico rumbo al norte y decido ir al baño. Allí veo en letras claras algo que había mirado antes pero no le había prestado atención: una invitación al desastre aéreo para cualquier terrorista que sepa que no debe subir cremas o desodorantes al avión. Por supuesto le saqué una foto:

En letras claras decía que tirar por el inodoro cualquier cosa que no sea papel higiénico puede causar derrames externos y crear un peligro de seguridad. Ahí estaba en letras grandes y mayúsculas: instrucciones de cómo dañar el avión. Esto no pinta bien.
La Ruta a San Diego
Me encuentro en el aeropuerto internacional Luis Muñoz Marín en ruta a San Diego para asistir a una reunión de la "American Society for Cell Biology". Viajo con dos colegas de la universidad. No he tenido inconvenientes mayores pero uno de mis colegas tuvo ya un problema con cuatro manzanas. Más bien, por cuatro manzanas. Después de recibir la etiqueta que certificaba que no llevaba productos agrícolas prohibidos por los norteamericanos, y a apunto de entrar al terminal, una chica experta en frutas detectó la presencia de varias manzanas en uno de sus bultos.
Por supuesto, por aquello de la seguridad nacional, ella le exigió que se deshiciera de las manzanas inmediatamente. Le explicó que las manzanas, que originalmente llegaron a Puerto Rico de California, no pueden ser transportadas a su nación de origen porque podrían tener larvas de Drosophila, la mosca frutera. Por supuesto que en Estados Unidos hay Drosophilas, pero presumo que las de allá son mejor que las de acá. La experta en frutas le exigió al colega comerse las manzanas allí frente a ella o entregarle las tres armas biológicas, a lo que se vio obligado a acceder.
Ya se iba cuando la chica le gritó de nuevo. Ella detectó a través del bulto una hichazón manzanera. Le preguntó si él cargaba otra de esas peligrosas frutas. Él tuvo que soltar la última que le quedaba. Luego, como cargaba una botella de agua, le pidieron que se la tomara in situ o botara la botella. Él se la tomó por lo que pronto contrabandeará el líquido al interior del avión en su cuerpo.
El otro colega perdió su desodorante y su pasta de dientes. Yo no he perdido nada porque ya he pasado muchas veces por esto. Eso sí, tengo el pelo como un puerco espín. El que me lo toque se hincará porque me unté suficiente gel para que me dure dos días. Otra forma de contrabandear cremas a un avión.
Pronto sale el avión. Haremos escala en Dallas, Texas. Allá trataré de contarles las nuevas incidencias. Espero que nadie sufra de flatulencia en este vuelo.
Por supuesto, por aquello de la seguridad nacional, ella le exigió que se deshiciera de las manzanas inmediatamente. Le explicó que las manzanas, que originalmente llegaron a Puerto Rico de California, no pueden ser transportadas a su nación de origen porque podrían tener larvas de Drosophila, la mosca frutera. Por supuesto que en Estados Unidos hay Drosophilas, pero presumo que las de allá son mejor que las de acá. La experta en frutas le exigió al colega comerse las manzanas allí frente a ella o entregarle las tres armas biológicas, a lo que se vio obligado a acceder.
Ya se iba cuando la chica le gritó de nuevo. Ella detectó a través del bulto una hichazón manzanera. Le preguntó si él cargaba otra de esas peligrosas frutas. Él tuvo que soltar la última que le quedaba. Luego, como cargaba una botella de agua, le pidieron que se la tomara in situ o botara la botella. Él se la tomó por lo que pronto contrabandeará el líquido al interior del avión en su cuerpo.
El otro colega perdió su desodorante y su pasta de dientes. Yo no he perdido nada porque ya he pasado muchas veces por esto. Eso sí, tengo el pelo como un puerco espín. El que me lo toque se hincará porque me unté suficiente gel para que me dure dos días. Otra forma de contrabandear cremas a un avión.
Pronto sale el avión. Haremos escala en Dallas, Texas. Allá trataré de contarles las nuevas incidencias. Espero que nadie sufra de flatulencia en este vuelo.
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