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jueves, 26 de febrero de 2009

Metamorfosis Sonética

Chocan las esferas luminosas
en explosiones catalíticas
de entropías desastrosas.

Rompen el pensamiento
en ideas prodigiosas
de apocalípticos eventos.

Quiebran las alas
de la musa presurosa;
crujen los huesos
con la pluma inspirada.

Crece la poesía preciosa
como larva aprisionada
y abre sus versos liberada
la rebelde mariposa.

© Edwin Vázquez de Jesús
Cayey, Puerto Rico

viernes, 13 de febrero de 2009

Violeta en el Día del Amor

Buscaba qué escribir en vísperas del Día del Amor. Tenía algo pululándome en la mente pero Violeta Parra no me dejaba. Escribiría sobre el efecto de oxitocina en la sensación del amor. Y sobre cómo la sangre fluye por el corazón, sin oxígeno por el lado derecho y llena de vida y oxigenada por el izquierdo. ¨Ámame con el lado izquierdo del corazón¨ sería el título. Pero Violeta no me dejaba.

Violeta, la hermana de Nicanor, la que escribió un himno titulado Gracias a la Vida fue la misma que escribió, desde las antípodas del alma, Maldigo del Alto Cielo. En el Día del Amor, en lugar de rendirle tributo a las flores, el perfume, y la cuchichería apendejada propia de este día, les presento a Violeta desnuda y sufrida. La que escribió esta cosa terrible:


Maldigo luna y paisaje,
Los valles y los desiertos,
Maldigo muerto por muerto
Y al vivo de rey a paje,
Al ave con su plumaje
Yo la maldigo a porfía,
Las aulas, las sacristías
Porque me aflige un dolor.
Maldigo el vocablo amor
Con toda su porquería.
Cuánto será mi dolor.
Violeta, la de Gracias a la Vida, un día se sintió tan solitaria que decidió buscar compañía en otro mundo y se nos fue por voluntad propia. Que nos sirva de recordatorio de que el amor nos puede elevar al lugar más alto de la felicidad pero que debemos cuidarlo. Por que una vez allá arriba la caída sería estrepitosa.
En el Día del Amor, gracias Violeta.

domingo, 25 de enero de 2009

La Reina de Guayama

Por una oscura calle antillana

va Tembandumba de Burundanga,

bautizando a diestra y siniestra

los rincones de Guayama.

 

Baja la reina triunfante

con pañuelos de filigrana,

declarando  altisonante

que la lengua es una pachanga.

 

Es la reina hamburguera

que detesta la malanga,

¡ay! pero si la vieran

cuando se come una fritanga.

 

Guayama será Great City

y Downtown será su Plaza,

porque en inglés mejor le suena

a Tembandumba de Burundanga.

 

No habrán bombas ni habrán plenas,

no sonará el gongo que retumba,

y Palés llorará de pena,

retorciéndose en su tumba.

 

Mas ya  está trazada en la arena

la raya contra esta sambumbia,

y la ciudad bruja no caerá en la hoguera

de la burundanga de Tembandumba.

© Edwin Vázquez de Jesús

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Para compartir este poema envía el siguiente enlace a tus amistades:  http://tinyurl.com/camdr4. También puedes oprimir el símbolo de sobre de carta al final del escrito.

sábado, 3 de enero de 2009

Soy Palestino

Porque amo a la mujer que me ama,
porque en sus ojos veo los ojos de mis hijas,
que sembraron conmigo la albahaca,
la menta, el orégano y el ají de temporada,
Soy palestino.

Porque mis hijas me dijeron que me amaban
entre besos me lloraban de abrazos, 
y de rezos, me dijeron que no llorara
que eso pasaba, que la sangre se secaba,
Soy palestino.

Porque vivo en la tierra esclavizada
con el mar golpeando sus costas pirateadas,
las mismas aguas de siempre ensangrentadas
y la bandera ondeando entre las balas,
Soy palestino.

Porque no estoy solo y tengo amigos
de almas liberadas que con voces indignadas
cantan el himno antiguo de las guerras
no terminadas, no terminadas,
Soy palestino.

Porque no rendiré mi tierra ante la invasión legitimizada
por ellos, los otros, los de allende la patria
porque nos nacieron hijos e hijas
que asumirán las armas cuando muera,
Soy palestino.

Porque no entiendes de qué te hablo,
porque soy puertorriqueño y no te suma
la geográfica incongruencia del quinto verso,
por eso perderás la guerra porque
hoy me siento palestino.

Edwin Vázquez de Jesús


jueves, 1 de enero de 2009

Boricua en la Luna

Roy Brown interpreta "Boricua en la Luna", poema de Juan Antonio Corretjer.  Más abajo está la letra del poema.





Boricua en la Luna
Juan Antonio Corretjer


Desde las ondas del mar
que son besos a su orilla,
una mujer de Aguadilla
vino a New York a cantar.
Pero no, solo a llorar
un largo llanto y morir.
De ese llanto yo nací
como la lluvia una fiera.
Y vivo en larga espera
de cobrar lo que perdí.

Por un cielo que se hacía
más feo mas más volaba
a Nueva York se acercaba
un peón de Las Marías.
Con la esperanza, decía,
de un largo día volver.
Pero antes me hizo nacer
Y de tanto trabajar
se quedo sin regresar:
reventó en un taller.

De una lagrima soy hijo
y soy hijo del sudor
y fue mi abuelo el amor
Único en mi regocijo
del recuerdo siempre fijo
en aquel cristal del llanto
como quimera en el canto
de un Puerto Rico de ensueño
y yo soy Puertorriqueño,
sin na, pero sin quebranto.

Y el "echón" que me desmienta
que se ande muy derecho
no sea en lo más estrecho
de un zaguán pague la afrenta.
Pues según alguien me cuenta:
dicen que la luna es una
sea del mar o sea montuna.
Y así le grito al villano:
yo sería borincano
aunque naciera en la luna.

lunes, 15 de diciembre de 2008

A un Árbol

A UN ÁRBOL

De la semilla de la patria
creció temblando un arbolito,
Entre yerbas, matorrales
Y bejucos escondido.

Fue creciendo aquel árbol
Fecundado en la montaña,
Enraizado en este suelo 
Y abrazando con sus ramas
A todo aquel que sufriera
En la tierra esclavizada.

La penetraron  sus raíces,
Se esparcieron enamoradas,
La poseyeron toda
Y la convirtieron en su amada.

Creció imponente con la savia
Tan patriota derramada.
Sangre de Albizu y Filiberto
esparcida por sus ramas.
Sangre de Carlos y Arnaldo
Y Georgina niña amada.

Sangre de todos y todas 
Los que murieron por la patria,
Y que se encontraron en tus hojas
Afiladas como espadas.

Ya está listo el leñero,
Preparada está su hacha.
No sabe que en tu floema
Por sal te corren balas.
No temas árbol mío
Ya se acerca la batalla.

Este árbol es sólo nuestro,
Por sus venas corre rabia
De sangre puertorriqueña,
Que florecerá liberada.


© Edwin Vázquez de Jesús







sábado, 16 de junio de 2007

Pater nosotros

A mis tres hijas: Amaris, Patricia y Camila

Arranco de la tierra
Con ternura sus frutos
las hijas de la patria
Que agarrarán la bandera
Cuando se caiga
Cuando nos caigamos
Los que sostenemos la estrella solitaria
Este lienzo sobre el alma.

El futuro está seguro
Las hijas entendieron el llamado
Los hijos agarrarán las armas
Pulidas con sangre
de otros que no vieron
A sus hijos levantarlas.

Sobre la tierra crece
Un ejército de niños
Que la sembrarán con las manos
Y arrancarán con ternura sus frutos
Y seguirán las niñas pariendo
A los hombres que serán libres
Y a las mujeres del mañana
Que mirarán a la pupila
Del águila extraña.

El futuro está seguro.
Ya nacieron los niños
Y las niñas de la patria.

© Edwin Vázquez de Jesús

Otros poemas:

Perdí tu senda
Las olas del sur
En ti lo efímero no existe

sábado, 17 de marzo de 2007

Perdí Tu Senda

Perdí tu senda cuando las olas

Bañaron la arena y se llevaron

Tus huellas al fondo del mar.

Seguí los contornos de la isla

Arrastrando mi historia

Rasgando las costas

Con mis recuerdos

Que también se borran con la marea.

Te dije que te amaba

Pero muy tarde

Porque cayó la noche

Y cuando llegué el puerto

Estaba abandonado.

Todos los barcos zarparon

Y subí por la caleta cansado.

Entonces soplaron los vientos

Airados empujando las velas

A otras costas.

Esta isla está desierta.

Estos muelles abandonados.


©Edwin Vázquez de Jesús

domingo, 25 de febrero de 2007

Las Olas del Sur

Llegaron las olas del sur
y me inundaron de sueños
sentado en la playa
pensándote
cuando te creía olvidada
juraría que susurraron
tu nombre
mientras miraba el horizonte austral.

Este era mi tiempo
mi espacio y momento
pero las olas te susurraron
llorando
cuando miraba hacia el sur
hacia lo más hondo de mí
donde sólo el silencio
puede interrumpir la monotonía
de tu partida
mojando mis pies en las aguas
que me señalarían tu camino
por las corrientes profundas
de ese océano que no cesa
este mar que no acaba
este naufragio que no empieza,
este barco que no zarpa.

Por las aguas del sur
nadaré desnudo
buscándote
acaso en corales ya muertos
entre yerbas marinas abandonadas
y raíces de mangles deshabitados
la desolación marina de mi alma.

Ven hacia el norte donde te espero
asustado
entre las aguas de este mar tan muerto
desde que te fuiste.

Ven que estoy
entre las talasias saladas
de este mar inmenso
esperándote
entre los escombros del gran navío
destrozado de mi alma.



© Edwin Vázquez de Jesús
En Bahía de Jobos, Guayama
25 de febrero de 2007

lunes, 4 de diciembre de 2006

El Día que Dejemos de Gritar


El día que nos cansemos de gritar,
el día que de tanto gritar se nos canse el corazón,
el día que gritando pensemos que nadie nos escucha,
gritos en el desierto,
el día que digamos no nos oyen dejemos los gritos,
el día que nos cansemos de protestar lo mismo
una y otra vez
porque no nos han hecho caso,
porque no les importa,
porque no quieren escucharnos,
el día que cerremos la boca
y abrazemos el silencio placentero
que llega cuando los gritos se acaban,
el día que ahoguemos nuestras almas,
no más lágrimas, no más llantos sonoros
porque no quisieron oir
porque no gritamos lo suficiente,
ese día nos llevará el diablo.

Edwin Vázquez

jueves, 2 de noviembre de 2006

La futilidad de un entierro en una caja de lujo


Edwin Vázquez de Jesús



Hay que dejar establecidos dos hechos biológicos ineludibles: todos moriremos y todos nos descompondremos después de muertos. Lo último si no nos creman, por supuesto. Dejando de lado la última posibilidad, y meditando sobre el asunto hoy 2 de noviembre, Día de los Muertos, no puedo dejar de pensar en las contradicciones no sólo del día sino del rito de la muerte. Lo primero es el asunto de la celebración. ¿Qué celebramos? ¿El Día de los Muertos? Pero si ya murieron no pueden tener un día. Ellos pertenecen, en todo caso, a la noche. Pero presumo que una Noche de los Muertos suena demasiado tenebrosa como para que alguien quiera celebrarla. De ahí lo del día. Porque de día los vivos van al cementerio a visitar a los difuntos. De noche los vivos temen que los difuntos decidan visitarlos.

Claro que el asunto es uno de justicia mortal. Sí porque los famosos tienen su día y se celebran. El día de George Washington, el día de Abraham Lincoln, el día de Luis Muñoz Rivera, el día de José de Diego. Así que me suena como un acto de justicia el que se designe un día donde se celebran a todos los demás. Los no famosos. Los comunes. Los que de no ser por sus familiares quedarían olvidados en el zafacón de la historia. Esto convierte al Día de los Muertos en algo así como el etcétera de las celebraciones a gente muerta. El renglón de misceláneas donde tiramos lo que sobra. Lo que no podemos clasificar.

En la Universidad de Puerto Rico los empleados no docentes lograron que la administración les concediera libre la mitad de este día. A las doce salen los empleados con el propósito expreso de visitar a sus muertos. Claro que no todos tiene muertos que visitar. Otros tienen muertos a los que no quieren visitar. Y otros, por las razones que sean, no quieren acercarse a un cementerio mientras estén vivos.
No sé qué hacen los empleados ese día pero sospecho que la mayoría no va a los camposantos. No me imagino un tumulto de vivos tropezando entre las tumbas buscando las lápidas de sus seres queridos. No entiendo por tanto porqué o para qué se les hizo tal concesión. Pero este es el Caribe y cualquier ocasión es buena para celebrar. Aunque sea la muerte.

Luego está el asunto ese de los entierros. Entiendo el rito. Entiendo la velada. Los rosarios. La caminata hasta el cementerio. Las lágrimas. Lo he vivido. La parte que no entiendo, como biólogo, es la de la caja. Si ha habido un malgasto injustificado a través de la historia es el de las cajas fúnebres. Esto porque el muerto se va a descomponer y en poco tiempo la caja le quedará grande. Para colmo, la madera misma se descompondrá por lo que el que pagó la caja habrá perdido el dinero. Y usualmente es madera de primera. Pichipén no es. Debería haber, en todo caso, garantías de por vida de las cajas de la muerte. Mientras viva el que pagó se le garantiza que la caja será repuesta si ésta se descompone. Digamos que cada cinco años abren la tumba, examinan la madera, y si no sirve exhuman los restos, los depositan en una caja nueva y lo reentierran. Si la caja es de metal el asunto es peor porque no se descompondrá y posiblemente contamine el ambiente con metales pesados. En este caso la garantía no será necesaria.

La eliminación de las cajas trae un problema relacionado con el manejo del cadáver. ¿Dónde lo pondrán para que lo velen? Lo que nos lleva a la razón del título de este artículo. Al cadáver no se le debería velar porque es un hecho de la naturaleza que no se irá a ninguna parte. A lo mejor es una tradición de cuando a los muertos no se les hacía autopsia. Imagino que en ese caso lo velaban para asegurarse de que estaba, efectivamente, muerto. Pero retomando la pregunta, ¿dónde ubicarlo?, dado que los cadáveres asumen una posición horizontal (nadie se queda de pie cuando muere) un simple catre, debidamente adornado con flores, serviría. Si tiene ruedas mejor porque al terminar la ceremonia de velarlo alguien hala el catre (podría amarrarle una soga) hasta el cementerio. Así se elimina el tener que buscar a por lo menos seis hombres para que carguen la pesada caja. Si no se caminará sino que se conducirá se debe usar una buena colcha ubicada en la parte de atrás de una camioneta y ahí se depositaría al fenecido. Sí porque además de eliminar la caja propongo que se elimine el uso de los coches fúnebres. Son carísimos, son feísimos y son color negro luto. Dado que en Puerto Rico las camionetas están de moda cualquier familiar puede prestar la suya para la procesión. Si el vehículo es de plataforma abierta sería bueno llevar un plástico grande en caso de que llueva.

Una vez se llegue al cementerio, y dado que el catre lo dejaron en la funeraria (que tampoco es necesaria si tiene una casa con una marquesina o sala adecuada) dos personas deben amarrarle una soga en cada extremo a la colcha para cargar entre los dos al muerto. El hoyo debe ser de una profundidad suficiente para evitar que perros u otros depredadores escarben y se coman al difunto. Que total es lo que harán los microbios y los gusanos. Unos seis pies deben ser suficientes. Ahora los cargadores del cadáver se ubicarán en cada extremo del hoyo y bajarán lentamente el cadáver. Si la colcha no será utilizada nuevamente se debe dejar allí. Se le echa tierra y se acabó el evento. Cero cajas. Poco dinero. Un entierro económico, que es como deberían ser todos los entierros. Entonces sucederá el milagro del ciclo de la vida. El cadáver se descompondrá y enriquecerá el terreno. Crecerá yerba. Y en ella algunas moléculas del muerto. Es más, si sembráramos plátanos sobre la tumba les aseguro que moléculas del muerto terminarán en nuestros platos. Poético. El muerto vuelve a nosotros. Y estará en las flores. Y de ahí pasará a las abejas. El muerto vivirá a través de la naturaleza.

Miguel Hernández lo entendió perfectamente cuando se le murió Ramón Sijé. Hoy Día de los Muertos he escrito este artículo como excusa para presentar uno de los poemas más conmovedores de la literatura española. Elegía.

ELEGÍA
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería.)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento.
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

Miguel Hernández

Publicado en http://edwinvazquez.blogspot.com

lunes, 26 de septiembre de 2005

Soneto de lo Abominable

Maldito sea el imperio en que vivimos
sombra idolátrica de Baales
Mammón infructuosos ideales
designios inescrutables del destino.

Malditas sean las piedras del camino
el demonio hacedor de los ultrajes
las espinas sangrando de coraje
el coraje manchando los espinos.

Por ser tú en versos te maldigo
maldito tu hora y tu existencia
sacudo mis pies de tu polvo y grito:

¡Maldito el que salga en tu defensa,
el que no maldiga lo que no bendigo
y quien no escupa estando en tu presencia!

© Edwin Vázquez de Jesús

lunes, 27 de junio de 2005

En ti lo efímero no existe

En ti lo efímero no existe

Tienes en el corazón eternidad grabada

Como una flor sembrada en el cielo

Que en el alma se abre sin ser arrancada.

En ti lo efímero no encuentra cabida

Tú eres de un mundo

donde el tiempo no acaba

De un universo

donde el tiempo no habita.

En mi andar presuroso

En ti encuentro la calma

Porque en ti el tiempo no transita

Como en un soneto

Mi amiga del alma.


© Edwin Vázquez de Jesús